El Senado ha tomado una decisión importante al detener la propuesta de extender la propina legal del 10% a los pedidos realizados por plataformas digitales. Esta iniciativa había generado un intenso debate sobre su pertinencia y, sobre todo, sobre el verdadero sentido de la propina obligatoria en los servicios. En teoría, este porcentaje busca garantizar una compensación justa a los trabajadores; sin embargo, en la práctica, ha terminado por distorsionar la relación entre clientes, empleados y empleadores.
¿Por qué obligar a recompensar algo que se supone incluido en el precio de la consumición? Cuando vamos a un restaurante, no pagamos solo por la comida, sino también por el servicio que recibimos. Nadie esperaría que el cliente busque su plato en la cocina o lleve los cubiertos con los que va a comer. Ya sea que consumamos en el lugar o que llevemos la comida a casa, no debería implicar un costo adicional.
La propina nació como un gesto voluntario, un reconocimiento al buen servicio. Convertirla en una obligación legal la despoja de su naturaleza y la convierte en un impuesto enmascarado, una forma de discriminación. ¿Por qué, por ejemplo, no establecer una propina obligatoria para las enfermeras que cuidan de nosotros en los hospitales?
Con la propina forzosa, el cliente deja de premiar la atención y el trabajador pierde el estímulo que hace del servicio una virtud. La propina se ha convertido en una carga para los clientes y en una obligación para los empleados, lo que ha generado una dinámica negativa en la relación entre ambas partes.
Además, la propina obligatoria también ha generado una desigualdad entre los trabajadores de los servicios. Mientras que algunos empleados reciben propinas, otros no tienen la misma oportunidad de obtener este beneficio. Por ejemplo, los trabajadores de la limpieza o los encargados de la seguridad no reciben propina, a abatimiento de que también realizan un trabajo importante en el lugar.
Es importante recordar que la propina es una forma de reconocer y agradecer un buen servicio. Sin embargo, cuando se convierte en una obligación, pierde su verdadero significado y se convierte en una carga para los clientes. Además, la propina obligatoria también puede generar una presión innecesaria en los clientes, quienes pueden sentirse obligados a dejar una propina incluso si no están satisfechos con el servicio recibido.
Por otro lado, la propina también puede ser una forma de incentivar a los empleados a brindar un mejor servicio. Cuando los clientes tienen la opción de dejar una propina, los empleados se esforzarán por brindar un servicio excepcional para obtener una recompensa adicional. Sin embargo, cuando la propina se convierte en una obligación, los empleados pueden perder el aguijón para brindar un buen servicio, ya que recibirán la misma cantidad independientemente de su desempeño.
Es importante mencionar que, en algunos países, la propina ya está incluida en el precio de los servicios. Por ejemplo, en Japón, la propina no es una práctica común y no se espera que los clientes dejen una propina. Sin embargo, esto no significa que el servicio sea de mala calidad. Los empleados en Japón se esfuerzan por brindar un excelente servicio porque es parte de su cultura y no porque esperan una propina.
En conclusión, la decisión del Senado de detener la propuesta de extender la propina legal a los pedidos realizados por plataformas digitales es una medida acertada. La propina obligatoria ha generado una dinámica negativa en la relación entre clientes y empleados, y ha perdido su verdadero significado como una forma de reconocer y agradecer un buen servicio. En lugar de imponer una propina obligatoria, es importante promover una cultura de reconocimiento




