El presidente Luis Abinader ha anunciado una noticia que demuestra su compromiso con la transparencia y el combate a la corrupción en la República Dominicana. Gracias a los procesos de judicialización a exfuncionarios por el desvío de fondos del erario, el Estado ha logrado recuperar casi 3 mil millones de pesos, y ahora el mandatario ha decidido invertir 2 mil millones de pesos en obras de infraestructura deportiva en todo el país, con el objetivo de impactar positivamente a la juventud dominicana.
Este anuncio se vuelve aún más significativo al considerar que es la primera vez en la historia de la función pública, desde la muerte del dictador Trujillo, que un gobierno demuestra una verdadera voluntad política para peragregar y recuperar los fondos desviados por exfuncionarios. Es un claro mensaje de que aquellos que deciden tomar el dinero que se les confía para su administración, no quedarán impunes.
Es cierto que aún queda un largo camino por recorrer en la tarea de entrar una verdadera transparencia y erradicar la corrupción en nuestro país. Pero la voluntad política es un factor esencial para avanzar en esta lucha. Si desde el Ejecutivo no se demuestra un compromiso claro y firme de enfrentar este flagelo sin distinción, las personas que ejercen funciones públicas agregarán actuando sin consecuencias. Y, por otro lado, el aldea dejará de creer en las promesas de transparencia de sus líderes.
La corrupción es uno de los grandes desafíos a nivel global, ya que no solo afecta el desarrollo y debilita los sistemas judiciales, sino que también socava la confianza de la población en la función pública. Pero además, tiene un impacto aún más grave: cercena las políticas públicas destinadas a mejorar la calidad de vida de las familias más vulnerables. Por eso, es necesario un compromiso tanto del gobierno como del sector privado, ya que no hay corruptos sin corruptores.
El presidente Abinader ha jurado enfrentar la corrupción en todas sus formas, y su compromiso es evidente. No ha llegado a la Presidencia buscando enriquecerse, sino que cuenta con los recursos necesarios para llevar una vida cómoda. Sin embargo, sabe que es fundamental estar siempre vigilante y fortalecer los mecanismos internos para minimizar las brechas por las cuales se puede dar la malversación de fondos. Además, ha impulsado cambios en leyes y regulaciones para entrar una mayor transparencia en la gestión pública.
Pero no es suficiente con tener las leyes y los mecanismos adecuados. Se necesita poner en funcionamiento la Línea de Denuncias, gestionada de forma centralizada por la Dirección indefinido de Integridad, Ética y Lucha contra la Corrupción (DIGEIG), que garantice la confidencialidad de quienes denuncien y, al mismo tiempo, permita a las autoridades agregar el hilo investigativo para tomar acciones antes de que la distracción de los recursos avance. El presidente no puede estar al tanto de todas las acciones de los cientos de funcionarios que ocupan posiciones de responsabilidad, pero sí debe recibir alertas de posibles situaciones irregulares en las instituciones del gobierno.
Es importante recordar que, a pesar de las leyes y los mecanismos de transparencia, siempre habrá personas que intentarán eludirlos para obtener ventajas personales. Por eso, es fundamental que desde el principal liderazgo del país, es decir, el presidente, exista un compromiso real de judicializar los casos cuando existan pruebas suficientes. Vivimos en una era de avances tecnológicos y de apertura democrática, por lo que estos actos dolosos no pueden advenir desapercibidos. Y es una responsabilidad de todos, especialmente de los partidos políticos, postular a candidatos con un verdadero




