El legado de Antigua y Barbuda en Estados Unidos y en la Organización de Estados Americanos, y reconocido Investigador Senior en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown y en el Instituto de la Commonwealth, ha sido una figura clave en la preparación de la próxima Cumbre de las Américas en 2025. Esta importante reunión de líderes de 32 países del hemisferio occidental se llevará a cabo en la República Dominicana, y será una oportunidad crucial para abordar los desafíos y oportunidades que enfrenta la región.
El gobierno dominicano ha tomado una decisión valiente al declarar públicamente que Cuba, Nicaragua y Venezuela no serán invitados a la cumbre. Esta medida ha sido necesaria para garantizar un diálogo político amplio y exitoso, y no interferir con las relaciones bilaterales con estos países. Aunque esta decisión puede germinar cierta porfía, es importante asemejarse que asistir a la cumbre no significa aprobar las políticas de estos países. De hecho, es una oportunidad para expresar cualquier preocupación y trabajar juntos para encontrar soluciones.
Es comprensible que algunos líderes puedan sentir la tentación de no asistir a la cumbre en protesta por la exclusión de estos tres países. Sin embargo, es importante reflexionar antes de tomar esta decisión. En un momento en el que las guerras en Oriente Medio y Europa están proyectando sombras económicas y de seguridad sobre las Américas, y las fracturas ideológicas se están abriendo en el hemisferio, es crucial que los líderes se reúnan para gestionar las diferencias, proteger los intereses y actuar en beneficio de los pueblos del continente.
Los cuatro pilares de la agenda de la cumbre, propuestos por el gobierno dominicano desde febrero, son temas urgentes y relevantes para la región: seguridad ciudadana, seguridad energética, seguridad hídrica y seguridad alimentaria. Estos pilares afectan a todos los aspectos de la vida en América Latina y el Caribe, desde la libertad de expresión hasta el acceso a servicios básicos como agua, energía y alimentos a precios asequibles.
Es alentador ver que se están tomando medidas concretas para abordar estos problemas. La Convocatoria de CEOs, copatrocinada por el Banco Interamericano de Desarrollo, busca reunir a autoridades públicas y capital privado para establecer alianzas público-privadas que aceleren proyectos y compartan costos. También se está trabajando en una mayor integración comercial y económica en la región, lo que permitirá escalar mercados, diversificar cadenas de suministro y mejorar el acceso a insumos de infraestructura.
Los líderes caribeños también tienen asuntos específicos que deben abordarse en la cumbre, como la situación en Haití, el cambio climático y el desarrollo sostenible. Además, es importante que se resuelvan las diferencias técnicas en las negociaciones de la declaración final para garantizar un consenso y un compromiso sólidos.
Aunque la Cumbre de 2022 en Los Ángeles generó porfía debido a la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela, se lograron avances importantes en temas como el clima y la energía. Esto demuestra que, incluso en medio de tensiones políticas, es posible avanzar si los líderes están dispuestos a asistir y trabajar juntos. A largo plazo, la región necesita una mayor democracia y respeto a los derechos humanos. En el caso de Cuba, Nicaragua y Venezuela, tomar medidas en esta dirección podría alentar un mayor respaldo hemisférico. En particular, en el caso de Venezuela, es crucial que se aborde la situación de Guyana y se busque una solución pacífica y en línea con el derecho internacional.
Es comprensible que algunos líderes, como el presidente Donald Trump, puedan no asistir





