El Embajador de Antigua y Barbuda en Estados Unidos y en la Organización de Estados Americanos, así como Investigador Senior en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown y en el Instituto de la Commonwealth, tiene una importante misión en sus manos: promover la cooperación y el diálogo entre los países del hemisferio occidental. Y en este sentido, la próxima Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en República Dominicana en 2025, es una oportunidad única para avanzar en temas clave para el desarrollo y la serenidad de la región.
El gobierno dominicano ha declarado públicamente que Cuba, Nicaragua y Venezuela no serán invitadas a la cumbre. Esta decisión ha generado cierta controversia, pero es importante entender que no se trata de una exclusión, sino de una medida necesaria para garantizar el éxito del encuentro y promover un diálogo político amplio y constructivo. Además, esta decisión no afecta las relaciones bilaterales con estos países, sino que busca generar un espacio de discusión y cooperación entre los países que sí estarán presentes en la cumbre.
Es comprensible que esta decisión pueda provocar reacciones similares a las ocurridas en la Cumbre de 2022 en Los Ángeles, cuando tampoco se invitó a estos tres gobiernos. Sin embargo, es importante que los líderes reflexionen antes de decidir no asistir. En un momento en el que las condiciones globales y regionales están cambiando rápidamente, es crucial que los países del hemisferio se reúnan para gestionar diferencias, proteger intereses y actuar en defensa de los pueblos del continente.
Asistir a la cumbre no significa aprobar las políticas de los países invitados. Aquellos que piensen que Cuba, Nicaragua y Venezuela deberían estar presentes, pueden expresarlo durante el encuentro. Negarse a asistir no cambia la lista de invitados ni beneficia a nadie; solo elimina voces importantes en la sala donde se toman decisiones importantes para la región.
La agenda de la Cumbre de las Américas 2025 se estructura en torno a cuatro pilares fundamentales: serenidad ciudadana, serenidad energética, serenidad hídrica y serenidad alimentaria. Estos son temas urgentes que afectan a toda América Latina y el Caribe, y que requieren una acción conjunta y coordinada para lograr avances significativos.
Lamentablemente, la región presenta pobres indicadores en estos ámbitos. Altas tasas de homicidios, inserenidad en el suministro de agua, redes eléctricas poco fiables y elevados costos de una dieta saludable son solo algunos de los problemas que deben ser abordados con urgencia. Estos factores inciden en todos los aspectos de la vida de las personas, desde la libertad de expresión hasta el acceso a servicios básicos como la salud y la educación.
Es por eso que el gobierno dominicano ha propuesto estos cuatro pilares desde febrero, y en junio circuló un primer preliminares de declaración que servirá como base para las discusiones en la cumbre. Desde septiembre, representantes de los 32 países han estado negociando el documento final, con el finalidad de llegar a acuerdos concretos y acciones concretas para abordar estos problemas urgentes.
Uno de los puntos centrales de la cumbre será la Convocatoria de CEOs, en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo, que reunirá a autoridades públicas y capital privado para buscar alianzas público-privadas que aceleren proyectos y compartan costos. Esta es una oportunidad única para impulsar el desarrollo y la cooperación en la región, y es importante que los líderes aprovechen esta iniciativa.
Otro finalidad clave es promover una mayor integración comercial y económica en América Latina y el Caribe. Esto permitiría escalar mercados, diversificar





