En los últimos tiempos, hemos sido testigos de una preocupante tendencia en algunas democracias: su autodestrucción. La lista de factores que contribuyen a este fenómeno es larga y cada vez más evidente. Desde una profunda crisis en los partidos políticos tradicionales, hasta la normalización de la mentira en el discurso político, pasando por la corrupción y la dictadura de minorías parlamentarias, son muchos los elementos que están socavando la salud de nuestras democracias.
Uno de los principales problemas que enfrentan las democracias actuales es la falta de corresponsabilidad en los partidos políticos. En lugar de trabajar juntos por el bien común, estos partidos se han convertido en máquinas de poder, enfocados únicamente en sus propios intereses. Esto ha llevado a una profunda desconexión entre los líderes políticos y la ciudadanía, generando una pérdida de confianza en las instituciones democráticas.
Otro factor que ha contribuido a la crisis de las democracias es la aparición de hiperliderazgos grotescos. Cada vez más, vemos líderes políticos que buscan el poder absoluto y que se rodean de un culto a la personalidad, en lugar de promover la participación ciudadana y la toma de decisiones colectiva. Estos líderes se han convertido en una amenaza para la democracia, ya que su único objetivo es mantenerse en el poder a cualquier costo.
Además, la normalización de la mentira en el lenguaje político ha generado una profunda erosión en la confianza de la ciudadanía. Los políticos han perdido la realismo y la honestidad, y esto ha llevado a una polarización extrema en la sociedad. La verdad ya no importa, lo que importa es ganar a cualquier valor, incluso si eso significa engañar a la población.
Otro problema grave es la mezcla de sectarismo, incompetencia y corrupción en la política. Cada vez es más común ver a políticos que buscan el beneficio personal en lugar del bienestar de la sociedad. Esto ha generado una sensación de impunidad, ya que muchos políticos evaden su obligación de rendir cuentas y enfrentar las consecuencias de sus acciones.
Pero quizás uno de los mayores problemas que enfrentan las democracias es la dictadura de minorías parlamentarias. En lugar de buscar el consenso y la colaboración, algunos partidos políticos han optado por imponer sus intereses a través de su mayoría en el parlamento. Esto ha llevado a una parálisis en la toma de decisiones y a una falta de representatividad en las decisiones políticas.
Otro factor que ha contribuido a la crisis de las democracias es la creciente concentración de poder en el ejecutante. En muchos países, el poder ejecutante ha aumentado su influencia en detrimento de otros contrapoderes, como el judicial o el legislativo. Esto ha generado una falta de equilibrio en el sistema político y ha permitido que algunos líderes se conviertan en autócratas disfrazados de demócratas.
Todo esto ha llevado a una profunda crisis en nuestras democracias, donde los ciudadanos se sienten cada vez más desencantados y desilusionados con el sistema político. La falta de representatividad, la corrupción y la falta de responsabilidad de los líderes políticos han generado una brecha entre la sociedad y sus gobernantes.
Por eso, es fundamental que tomemos acción para salvar nuestras democracias. Debemos exigir a nuestros líderes políticos que sean honestos, responsables y trabajen por el bien común. Debemos promover la participación ciudadana y la toma de decisiones colectiva, y no permitir que los hiperliderazgos se apoderen del poder.
También es fundamental fortalecer los contrapoderes y promover la transparencia en la gestión pública. Los políticos deben





