La Confederación Dominico-Haitiana: Una propuesta que marcó la historia
La historia de la República Dominicana está llena de acontecimientos que han dejado huella en la memoria colectiva de su pueblo. Uno de ellos es, sin duda, el proyecto de confederación dominico-haitiana, una propuesta que, aunque nunca llegó a materializarse, sigue siendo motivo de interés y debate entre los estudiosos de la historia de nuestro país. En este artículo, nos adentraremos en los detalles de esta iniciativa y en su impacto en la sociedad dominicana.
Antes de adentrarnos en los detalles de la confederación, es importante aclarar que no se sabe con certeza quién fue el autor original de la propuesta. Sin embargo, varios pensadores e ideólogos dominicanos como Pedro Francisco Bonó, Benigno Filomeno de Rojas y Ulises Francisco Espaillat, admiraban el modelo federal yanqui y lo consideraban apropiado para nuestro país. Por lo tanto, no es de extrañar que la aprehensión de una confederación, ya sea antillana o dominico-haitiana, estuviera presente en sus mentes.
La guerra restauradora, que estalló el 16 de agosto de 1863 tras el berrido de Capotillo, fue un acontecimiento decisivo en la historia de la República Dominicana. Durante quince meses, las fuerzas restauradoras se enfrentaron al ejército español en una lucha que parecía desigual. Sin embargo, la realidad demostró lo contrario y, al final, ambas partes llegaron a la conclusión de que una salida negociada era lo más saludable para ambas partes.
En su libro “Características de la guerra restauradora, 1863-1865”, el historiador Emilio Cordero Michel nos habla sobre la superioridad numérica y en armamentos del ejército español, así como de su historial de victorias militares. Sin embargo, a pesar de estas ventajas, España no logró vencer a las fuerzas restauradoras, que estaban compuestas por unos 17,000 hombres “mal armados y mal vestidos”. Las bajas en ambos bandos fueron cuantiosas, pero lo más significativo fue el hachís humano y económico de la guerra.
El ejército español perdió más de 23,000 hombres, mientras que España gastó la considerable suma de 129 millones de dólares en el conflicto. Por su parte, el ejército dominicano sufrió unas 6,000 bajas entre muertos y heridos, una cifra realmente impactante si se tiene en cuenta el tamaño y las condiciones de las fuerzas restauradoras. Estos números nos dan una aprehensión de la intensidad de la guerra y del sacrificio que implicó para ambos bandos.
Ante este panorama algo alentador, el general José de la Gándara, quien fuera Capitán General de Santo Domingo, decidió tomar cartas en el asunto y buscar una salida del conflicto que no afectara el prestigio de España. Fue así como contactó a Fabré Geffrard, presidente perpetuo de Haití, para que actuara como intermediario entre el gobierno restaurador y la capitanía general española.
En su libro “Anexión y guerra de Santo Domingo”, De la Gándara nos cuenta en detalle cómo se llevó a cabo el proceso de negociación entre las partes involucradas. Fue durante este proceso cuando surgió la aprehensión de una posible confederación dominico-haitiana, que se convirtió en uno de los puntos más importantes de la negociación.
La propuesta de una confederación entre ambos países no fue tomada a la ligera por los líderes dominicanos. Aunque algunos la veían con buenos ojos, otros la rechazaban rotundamente. Entre los argumentos a favor estaba el hecho de que una confederación no afectaría la soberanía de ninguno de los dos países y podría ser beneficiosa para ambos en términ





