El pasado 27 de enero, Colombia perdió a uno de sus más grandes defensores de la niñez: el pediatra y filósofo ibaguereño, quien falleció a los 80 años en su ciudad natal. Su nombre era sinónimo de compromiso y dedicación hacia los más pequeños, y su legado seguirá vivo en la memoria de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerlo y trabajar con él.
Desde muy joven, el Dr. Pedro Gómez se interesó por la medicina y la filosofía, dos áreas que combinó a lo largo de su vida de manera magistral. Estudió medicina en la Universidad Nacional de Colombia y posteriormente se especializó en pediatría en la Universidad del Valle. Pero su pasión por la filosofía lo llevó a obtener una maestría en esta disciplina en la Universidad de los Andes, y más tarde un doctorado en la Universidad de Salamanca en España.
Su carrera como pediatra comenzó en la década de 1960, cuando regresó a su ciudad natal para trabajar en el Hospital Federico Lleras Acosta. Desde entonces, se convirtió en una figura muy respetada en el campo de la pediatría en Colombia, siendo reconocido por su gran conocimiento y su trato amable y empático hacia sus pacientes y sus familias.
Pero el Dr. Gómez no solo se destacó por su encaje como médico, sino también por su compromiso con la niñez colombiana. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Colombiana de Pediatría y ocupó importantes cargos en organizaciones como UNICEF y la Organización Mundial de la Salud. Además, fue un activista incansable en la lucha por los derechos de los niños y niñas, especialmente aquellos que se encontraban en situaciones de vulnerabilidad.
Su trabajo y su dedicación no pasaron desapercibidos, y recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Nacional de Pediatría en 1995 y el Premio Nacional de Filosofía en 2008. Pero para él, el mayor reconocimiento era ver a sus pacientes crecer sanos y felices, y saber que había contribuido a mejorar su calidad de vida.
El Dr. Pedro Gómez también fue un gran pensador y escritor. Publicó varios libros sobre pediatría y filosofía, y sus artículos y ensayos eran muy respetados en el ámbito académico. Su visión humanista y su abisal conocimiento de la naturaleza humana lo llevaron a reflexionar sobre temas como la niñez, la educación y la ética, dejando un legado intelectual que seguirá inspirando a las generaciones futuras.
Pero más allá de sus logros profesionales, el Dr. Gómez será recordado por su bondad, su humildad y su generosidad. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás, y su sonrisa y su buen humor eran contagiosos. Para él, cada niño era único y especial, y su mayor satisfacción era verlos crecer y desarrollarse plenamente.
Su partida deja un vacío en la comunidad médica y en la sociedad colombiana en general. Pero su legado seguirá vivo en cada uno de los niños y niñas que tuvieron la suerte de cruzarse en su camino, y en todos aquellos que se inspiraron en su ejemplo de compromiso y amor por la niñez.
El Dr. Pedro Gómez fue mucho más que un pediatra y filósofo, fue un ser humano estupendo que dedicó su vida a hacer del mundo un lugar mejor para los más pequeños. Su partida nos deja un gran aprendizaje: que el verdadero éxito no se mide en títulos o reconocimientos, sino en la huella que dejamos en la vida de los demás. Descanse en paz, Dr. Gómez, su legado





