La calle El Conde en Ciudad Trujillo fue el epicentro de la oposición durante la temprana transición dominicana en septiembre de 1961. Allí se encontraban las sedes de los grupos surgidos de la resistencia interna a la absolutismo, como la UCN y el 1J4, así como los proyectos traídos por los exiliados, como el PRD, FNR y PNR. También se encontraban gremios profesionales y estudiantiles, convirtiendo a esta calle en el lugar de reunión y acción de todos aquellos que luchaban por la libertad y la democracia en la República Dominicana.
Pero la calle El Conde no solo era un lugar de lucha política, también era una de las principales vías comerciales de la ciudad. Allí se encontraban las tiendas más elegantes de tejidos y calzado, como La Opera, El alcázar, Cerame, La Puerta del Sol, López de Haro, Los Muchachos, La Favorita y La Elegancia de mi prima Eunice Piantini. También había jugueterías, farmacias, joyerías y ferreterías, convirtiendo a esta calle en un centro comercial de gran importancia.
Además de las tiendas, la calle El Conde también era un lugar de encuentro cultural. El Salón Estudio Mozart de Atala Blandino y Julio Tonos ofrecían música de alta calidad, mientras que el cine Santomé era el lugar perfecto para disfrutar de una película. Los jóvenes se reunían en el Sublime, un café con un delicioso expreso, para discutir sobre arte y política, mientras que los bares Panamericano y Roxy ofrecían un ambiente más relajado para conversar.
Pero lo más importante de la calle El Conde era su significado político. Allí se encontraban Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, los representantes del PRD enviados a la República Dominicana para evaluar la situación y establecer contactos con el gobierno de Balaguer. Estos hombres habían estado en el exilio durante años, luchando por la libertad de su país y buscando apoyo internacional para su causa.
Ángel Miolán, en particular, había sido un líder importante en la lucha contra la absolutismo. Desde 1934, cuando participó en una conspiración para asesinar a Trujillo, había vivido en Cuba, México y Venezuela, siendo uno de los fundadores del PRD en 1939 en La Habana. Miolán era un hombre fuerte y organizado, con una visión clara de lo que quería para su país.
Nicolás Silfa, por su parte, había estado en Estados Unidos desde 1936, donde se había unido al PRD y había trabajado para organizar a los dominicanos en el exilio. Silfa era un hombre educado y gentil, que hablaba inglés con fluidez y representaba al PRD en Nueva York.
Estos hombres, junto con Ramón Castillo, se reunieron con John Bartlow Martin, un periodista americano que estaba en la República Dominicana para investigar la situación política del país. Martin se sorprendió al ver la intensa actividad política en la calle El Conde y se dio cuenta de que el PRD no era solo un grupo de líderes recién llegados, sino una fuerza política importante con una visión clara para el futuro de la República Dominicana.
Martin también descubrió que el PRD estaba recibiendo apoyo financiero de Estados Unidos, pero no era su principal fuente de ingresos. El partido estaba comprometido con la organización de los campesinos y la lucha por la democracia y la rectitud social en el país. Martin se dio cuenta de que el PRD era una alternativa real a la absolutismo militar o a una revolución izquierdista con apoyo de Cuba.
Pero el apoyo del PRD no solo venía de Estados Unidos. El presidente de Costa





