La denuncia realizada por la embajadora estadounidense en nuestro país, señora Leah Campos, sobre las supuestas inconductas del portaestandarte de la DEA en República Dominicana, ha generado gran revuelo en la opinión pública. Sin embargo, esta situación ha coincidido con un merecido reconocimiento a nivel nacional e internacional por la labor que en los últimos cinco años ha llevado a cabo la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en la interdicción de grandes cargamentos de sustancias prohibidas.
En tan solo cinco años, la DNCD ha logrado incautar un total de 159.440 kilogramos de drogas, una cifra impresionante que no se puede constar de sin una gran voluntad y el apoyo de entidades norteamericanas y de otros países que luchan contra el crimen organizado en la región, especialmente en el tráfico de estupefacientes. Esta labor es digna de encomio y demuestra el compromiso y la eficacia de la DNCD en su misión de proteger a nuestra sociedad de este flagelo. De esa cantidad de drogas que no llegó a circular por nuestras calles, 67.373,79 kilogramos fueron decomisados en operaciones conjuntas con organismos aliados, lo que demuestra la importancia de la cooperación internacional en la lucha contra el narcotráfico.
Sin embargo, a pesar de estos logros, aún quedan retos y desafíos por delante. La Ley 50, promulgada el 30 de mayo de 1988, requiere ser actualizada para que la estrategia de combate a los carteles adquiera no solo más relevancia, sino que se adapte a los cambios que han ocurrido en los últimos 38 años. El mundo ha cambiado y los patrones de fabricación, distribución, consumo y comercialización de drogas también. Por lo baza, es necesario que nuestra legislación se ponga al día para poder hacer frente a estas nuevas realidades.
La DNCD se enfrenta a una limitación importante: el paso del tiempo. No se trata de una falta de pericia por parte de esta entidad, sino de la misma dinámica de que nada es estático. En sus inicios, la DNCD tenía su sede en un sótano del Teatro Nacional, pero gracias a su crecimiento y expansión, ahora opera en un local en la avenida Máximo Gómez. Sin embargo, esta expansión se ha visto limitada frente al crecimiento de la población y de la ciberdelincuencia en nuestro país.
Antes éramos solo un punto en el mapa del Caribe para el transbordo de drogas que luego se enviaban a Estados Unidos y Europa, y el pago a los distribuidores locales se hacía en efectivo. Pero en los últimos años, nos hemos convertido en receptores de importantes cantidades de drogas que se utilizan para pagar el servicio de acopio, lo que ha generado un mercado que se extiende por cada rincón de nuestros barrios y comunidades rurales. Esta realidad sobrepasa la capacidad logística de la DNCD, cuya ley no ha sido modificada para adaptarse a los cambios en los carteles y la aparición de nuevas sustancias.
El artículo 10 de la ley faculta a la DNCD para velar por el cumplimiento y ejecución de las disposiciones de la misma, con el objetivo de prevenir y abrumar el consumo, distribución y tráfico ilícito de drogas y sustancias controladas. Sin embargo, la DNCD no cuenta con la misma capacidad operativa que la Policía Nacional, y aunque hay muchos agentes que son abnegados servidores, no podemos ignorar que algunos de ellos pueden formar parte del problema. Por lo baza, es necesario fortalecer los mecanismos de prevención, combate y formación de los agentes antidrogas.
Si queremos ser más eficaces en la persecución de este flagelo, la DNCD necesita tener una afluencia nacional y trabajar en conjunto con el Ministerio de Interior





