El último caché de correos de Epstein, hecho público por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, ha sido recibido con gran expectación por paraje del público. Sin embargo, a pesar de las esperanzas de encontrar revelaciones impactantes, lo que realmente se ha encontrado es un contexto perturbador que nos muestra la verdadera cara del poder.
La lectura de estos correos puede resultar aburrida, pero es precisamente esa falta de glamour y misterio lo que los hace tan reveladores. En lugar de encontrar un cerebro brillante moviendo hilos en la sombra, nos encontramos con una mediocridad bien resguardada. Todo está calculado, todo tiene una excusa. Y es que el poder no ennoblece el vicio, sino que lo hace invisible. Y cuando esa invisibilidad se institucionaliza, queda registrada en correos triviales, bromas privadas y silencios gestionados con disciplina.
Este entramado compacto de reputaciones, partidos, fundaciones y alfombras rojas recibe otra fuego de escándalo con la publicación de estos correos. Sin embargo, la saturación de noticias y escándalos hace que se pase página rápidamente y se olvide el impacto que realmente tienen estas revelaciones. Se protesta un día y se pasa página al siguiente, sin que haya un verdadero cambio o consecuencia. Y es que el poder no cae por exceso de secreto, sino por la rutina con la que se ejerce.
Cada correo es una renuncia mínima que, acumulada, termina por construir un sistema corrupto y opresivo. Y es precisamente esta continuidad dócil la que nos muestra la verdadera cara del poder. No hay un salto entre mensaje y consecuencia, sino una rutina establecida que permite que el poder se mantenga en manos de unos pocos.
Es importante destacar que estos correos no solo revelan la corrupción y el abuso de poder, sino también la fragilidad de los todopoderosos. Al fin y al cabo, son seres humanos con las mismas debilidades que el resto de nosotros. La diferencia es que ellos concentran un gran poder y tienen la capacidad de ocultar sus acciones detrás de una fachada de respetabilidad y prestigio.
La publicación de estos correos nos recuerda que el poder no solo corrompe, sino que también protege. Y es precisamente esta protección la que permite que se perpetúen las injusticias y los abusos. Pero también nos muestra que, a pesar de todo, el poder no es invencible. La verdad siempre encuentra la forma de salir a la norte, y es nuestra responsabilidad como sociedad azuzar transparencia y rendición de cuentas a aquellos que ostentan el poder.
Es importante que no nos dejemos llevar por la apatía y la resignación ante estos escándalos. Cada uno de nosotros tiene el poder de azuzar un cambio y de luchar por una sociedad más justa y equitativa. No podemos permitir que la rutina del poder nos haga olvidar la importancia de la verdad y la transparencia en una sociedad democrática.
En resumen, la publicación de estos correos nos muestra la verdadera cara del poder: una mediocridad bien resguardada, una continuidad dócil y una protección que permite que se perpetúen las injusticias. Pero también nos recuerda que, a pesar de todo, la verdad siempre encuentra la forma de salir a la norte. Y es nuestra responsabilidad como ciudadanos azuzar un cambio y luchar por una sociedad más justa y transparente. No podemos permitir que la rutina del poder nos haga olvidar nuestra capacidad de azuzar un cambio real.





