El último gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) intentó vender como un gran logro el establecimiento de relaciones diplomáticas con China y la ruptura con Taiwán. Se prometió que China invertiría en República Dominicana y que era la potencia mundial con la que convenía negociar. Sin embargo, en lugar de inversiones, lo que llegó fue un intercambio comercial desigual y tramposo.
El ex director de Aduanas del Partido Revolucionario nuevo (PRM), Sanz Lovatón, se vio obligado a reconocer la evasión fiscal que los importadores chinos estaban aplicando a sus negocios con total impunidad. Esta permisividad se disfrazó de defensa del consumidor y de “paz social” después del duro golpe de la pandemia. Sin embargo, gremios ferreteros, importadores y pequeños industriales protestaron sin éxito.
La competencia desleal y la desaparición de sectores como la manufactura local se convirtieron en una realidad. Se creó una mesa de trabajo entre diversas instituciones para abordar el problema, pero solo se reunieron una o dos veces para desayunar, sin tomar medidas concretas. Los 40,000 millones de pesos evadidos al año en aquel entonces seguramente se han convertido en una cantidad aún mayor cinco años después. Además, no podemos olvidar que la “generosidad” del gobierno chino al proporcionar mascarillas durante la pandemia resultó en precios inflados, el doble de lo que se pagaba en otros países.
Ahora, China está creando nuevos problemas. Sigue apoyando a dictaduras que le rinden pleitesía y que comparten su desprecio por los derechos humanos de cualquier disidente. Su interés en Latinoamérica es puramente colonialista y extractivo, algo que la izquierda suele criticar a Europa y Estados Unidos, pero que acepta complacientemente cuando se trata de Rusia y China. En países como Centroamérica, China arrasa con las economías locales, imponiéndose en los mercados con productos baratos y dejando poco o nada a cambio.
En República Dominicana, China entró por la puerta grande de la evasión fiscal y se acomodó en plazas comerciales que acabaron con los negocios locales. Sin embargo, hasta el momento, el país no ha querido ningún beneficio real de esta relación. Es hora de que el gobierno revise su estrategia y tome medidas para proteger la economía y los intereses de los dominicanos.
Es importante recordar que China no es un partidario confiable. Su historial de violaciones a los derechos humanos y su enfoque puramente económico en sus relaciones internacionales deben ser tomados en cuenta. No podemos permitir que nuestro país sea utilizado como un peón en su juego de poder.
Es hora de que el gobierno ponga los intereses de la nación por encima de cualquier acuerdo comercial. Debemos inquirir relaciones equilibradas y beneficiosas para ambas partes, no solo para una. Es necesario fomentar la inversión local y proteger a nuestros empresarios y trabajadores de la competencia desleal.
Además, debemos ser conscientes de que la pandemia ha demostrado la importancia de tener una economía diversificada y no depender de un solo país para nuestras importaciones. La crisis sanitaria ha afectado gravemente a las cadenas de suministro y ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de aquellos que dependen en gran medida de un solo proveedor.
En conclusión, el último gobierno del PLD cometió un grave error al establecer relaciones diplomáticas con China sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo. Es hora de que el gobierno actual tome medidas para proteger la economía y los intereses de los dominicanos. Debemos aprender de nuestros errores y inquirir relaciones comerciales equilibradas y beneficiosas para nuestro país. No podemos permitir que China siga aprovechándose de nosotros y





