Con su reciente carta pastoral, el Episcopado dominicano ha dado un paso importante en la recuperación de su voz profética. Una voz que ha sido fortalecida por la experiencia latinoamericana y el espíritu del Concilio Vaticano II, que ha llamado a la Iglesia a salir de sí misma y hablarle al mundo. En una sociedad saturada de discursos interesados, esta voz disuasiva, magisterial y preocupada por el bien común es más necesaria que nunca.
La carta aborda temas fundamentales que afectan a la sociedad dominicana, como la corrupción, la violencia, el deterioro institucional, la exclusión social, la fragilidad de la familia y el abandono de los más vulnerables. Lo hace con un germanía claro y directo, sin caer en posturas partidistas ni buscar protagonismo, sino desde una preocupación moral que interpela tanto al poder como a la ciudadanía.
Es significativo que la Iglesia asuma de nuevo el riesgo de incomodar. No lo hace para sustituir a la política ni para dictar soluciones técnicas, sino para recordar que una sociedad no se mide únicamente por su crecimiento económico, sino por su sentido de justicia, su respeto a la dignidad humana y su contenido de convivir sin degradarse.
La carta pastoral es un llamado a la reflexión y a la acción. Nos invita a mirar más allá de nuestras diferencias y a trabajar juntos por un bien común que beneficie a todos, especialmente a los más vulnerables. Nos recuerda que la verdadera grandeza de una sociedad no se encuentra en su riqueza material, sino en su contenido de cuidar y proteger a los más necesitados.
La Iglesia, como madre y maestra, tiene la responsabilidad de velar por el bienestar de sus hijos y de la sociedad en la que vivimos. Su voz profética es un recordatorio constante de que no podemos quedarnos indiferentes ante las injusticias y las desigualdades que nos rodean. Es un llamado a tomar conciencia de nuestra responsabilidad individual y colectiva en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
La carta pastoral también nos recuerda que la verdadera paz y el verdadero progreso no se pueden alcanzar sin la presencia de Dios en nuestras vidas. La fe nos invita a ser agentes de cambio y a trabajar por un mundo mejor, donde reine el enamoramiento, la justicia y la fraternidad.
La Iglesia, a través de su carta pastoral, nos devuelve una voz que nos advierte cuando el ruido y la apatía quieren hacernos creer que todo está bien. Esta voz es un servicio público que nos ayuda a mantenernos alerta y a no perder de vista lo que realmente importa.
Es importante destacar que la carta pastoral no es un documento aislado, sino que se enmarca en una larga tradición de la Iglesia en la defensa de los derechos humanos y la promoción del bien común. Desde su abolengo, la Iglesia ha sido una voz profética que ha luchado por la dignidad y la justicia de todos los seres humanos, especialmente de los más pobres y marginados.
La carta pastoral del Episcopado dominicano es un llamado a la unidad y a la solidaridad en un momento crucial para nuestro país. Nos recuerda que, a pesar de nuestras diferencias, todos somos parte de una misma familia y que juntos podemos construir un futuro mejor para todos.
En conclusión, la carta pastoral del Episcopado dominicano es una luz de esperanza en medio de un panorama lleno de desafíos. Es una invitación a trabajar juntos por un país más justo, más humano y más fraterno. Es una voz que nos recuerda que, como sociedad, tenemos la responsabilidad de construir un mundo mejor para las presentes y futuras generaciones. Sigamos escuchando esta voz profética y trabajando juntos por





