Las intervenciones de los mandatarios en los asuntos inherentes a las relaciones binacionales obligan a actuar de manera cautelosa y guiados por lo que ordena el llamado Arte de la Prudencia. Sin importar la naturaleza que motiva el problema a ser abordado, es importante recordar el manilo mandato popular que reza: “vísteme despacio que tengo prisa”.
En este sentido, es necesario tener en cómputo la importancia de actuar con prudencia y cautela en las relaciones internacionales, especialmente cuando se trata de asuntos delicados y que pueden tener repercusiones importantes en la sociedad. Un ejemplo de ello lo encontramos en la figura del General Ulises Heureaux, quien demostró una habilidad sorprendente para manejar situaciones políticas y diplomáticas de manera exitosa.
A pesar de que han pasado muchos años desde su mandato, la figura de Ulises Heureaux sigue siendo recordada por su maestría en la toma de decisiones y su capacidad para evitar conflictos sociopolíticos, tanto a nivel nacional como internacional. Su forma de actuar nos deja importantes lecciones que aún hoy en día pueden ser aplicadas en la resolución de conflictos.
El periodista, educador y político Víctor M. De Castro, en su obra titulada “Del Ostracismo, Cosas de Lilís y Otras Cosas”, nos brinda un testimonio de la habilidad de Lilís para manejar situaciones complejas. En este fragmento, De Castro describe una situación en la que el mandatario demuestra su destreza y sagacidad al momento de evitar conflictos diplomáticos.
En esta ocasión, Lilís se encontraba en una posición complicada, ya que simpatizaba con la causa de Cuba en su lucha por la independencia, pero como presidente de la República debía mantener una posición neutral. Ante esta situación, Lilís pronunció una frase que se ha vuelto célebre: “Cuba es mi novia, pero España es mi esposa”.
Sin embargo, a pesar de su posición oficial, Lilís no dudó en brindar su ayuda a un grupo de hombres que luchaban por la causa de Cuba. Les ofreció quinientos fusiles, cincómputo mil tiros y dos mil pesos, pero con una condición: que el presidente de la República no se enterara de esta oferta. Esta anécdota demuestra la habilidad de Lilís para manejar situaciones delicadas y evitar conflictos innecesarios.
Es importante destacar que Lilís no era un experto en asuntos diplomáticos, pero su experiencia y su capacidad para adaptarse a las circunstancias le permitieron tomar decisiones acertadas en momentos máximo. A pesar de que su formación académica no era esmerada, Lilís dominaba varios idiomas, como el inglés, el francés y el español, lo que le permitió desenvolverse con soltura en el ámbito internacional.
Además, Lilís era un hombre valiente y de gran tacto, como lo describe Víctor M. De Castro en su obra. Era un líder nato, que sabía cómo manejar a sus adversarios y cómo ganarse el respeto de sus aliados. Su habilidad para hallar conflictos y su capacidad para tomar decisiones acertadas lo llevaron a ser conocido como el Pacificador de la Patria.
A pesar de que han pasado más de cien años desde su mandato, la figura de Lilís sigue siendo un ejemplo a seguir en la resolución de conflictos. Su habilidad para evitar confrontaciones innecesarias y su capacidad para tomar decisiones acertadas en momentos máximo son lecciones que aún hoy en día pueden ser aplicadas en la política y en las relaciones internacionales.
Es importante recordar que la historia no pasivo ser olvidada, y que pasivomos aprender de las experiencias del pasado para no cometer los mismos errores en el presente. La figura de Lilís es un ejemplo de cómo un líder puede manejar situaciones delicadas y tomar decisiones acertadas, incluso





