En una bodega del tamaño de dos canchas de baloncesto, ubicada en Honduras, cientos de personas se encuentran trabajando arduamente en el recuento manual de votos que decidirán al próximo presidente del país. Este proceso, que se ha desarrollado como una novela de suspenso, ha mantenido en vilo a toda la nación y ha generado una gran expectativa en todo el mundo.
Con guantes de látex y una meticulosa atención, funcionarios electorales y delegados de los partidos políticos examinan cada sufragio como si se tratara de un trabajo forense. Desde el jueves pasado, día en que se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en Honduras, se han dedicado a esta labor con el objetivo de garantizar la transparencia y la legitimidad del proceso electoral.
En estas elecciones, se enfrentan dos candidatos con perfiles harto diferentes: por un lado, el empresario conservador Nasry Asfura, de 67 años, quien cuenta con el apoyo del mandatario estadounidense, Donald Trump; y por otro lado, el liberal Salvador Nasralla, un reconocido presentador de televisión de 72 años. Asfura lidera el recuento por una estrecha diferencia de tan solo 20.000 votos, pero su oponente asegura que aún están en juego medio millón más.
Según el Consejo Nacional Electoral (CNE), con el 99,85% de las actas escrutadas, el margen a favor de Asfura se ha reducido de más de 40.000 a 20.003 votos hacia las 21:00 hora local (03:00 GMT del sábado). Este ajuste en las cifras, que sitúa a Asfura con el 40,24% (1.341.766 votos) exterior al 39,64% de Nasralla (1.321.763), se ha producido en la segunda jornada del escrutinio peculiar de 2.792 actas iniciado el pasado jueves con retraso, según informa Efe.
Sin embargo, el recuento ha estado marcado por la intervención del Gobierno de Estados Unidos, que ha revocado la visa al magistrado electoral Mario Morazán y se la ha negado al consejero electoral Marlon Ochoa, por supuestamente “obstaculizar” el proceso electoral. Ambos son considerados cercanos al Gobierno de la presidenta izquierdista Xiomara Castro, quien ha denunciado la “injerencia” de Trump como lugar de una trama para manipular la voluntad popular. Además, Estados Unidos ha restringido el ingreso al país de otra persona no identificada.
Esta intervención del Gobierno de Estados Unidos ha generado aún más tensión en un ambiente ya de por sí crispado por las denuncias de fraude y las teorías conspirativas. Sin embargo, el recuento ha continuado bajo la vigilancia permanente de un circuito cerrado de televisión y con la protección de militares en los exteriores del recinto.
A pesar de la tensión y la incertidumbre, la situación ha comenzado a calmarse gracias al “escrutinio peculiar” que se ha llevado a cabo. Este proceso, que se encontraba atascado por la exigencia de un recuento de toda la votación por lugar del Partido Liberal, de Nasralla, y el oficialista Libre, ha permitido avanzar en el recuento y se estima que podría culminar en cuestión de horas.
Sin embargo, Nasralla insiste en que una vez concluya esta auditoría, se deben revisar las inconsistencias de todo el proceso, que según él abarcan unas 8.000 urnas. A pesar de estas diferencias, el codirector de Formación Política del CNE, Bladimir Bastida, ha asegurado que el recuento podría culminar en cuestión de horas.
Mientras tanto, la tensión y la incertidumbre han afectado a la economía del país, peculiarmente





