Cuando Cristóbal Colón llegó a la isla Hispaniola, sus geógrafos dibujaron cientos de ríos en los mapas. Sin embargo, en la actualidad, solo se cuentan con veinte de ellos, muchos de los cuales presentan caudales mínimos. Esta situación refleja una realidad preocupante en todo el mundo: la ataque del agua.
El agua, ese recurso tan preciado e infravalorado, es el centro de una creciente ataque global que amenaza la salud de nuestro planeta. Según informa el World Wildlife Fund (WWF), el alto costo del agua barata es evidencia de cómo este recurso no es valorado por la sociedad debido a que su producción es fruto de la naturaleza. Pero, ¿cómo podemos valorar algo que es de todos y a la vez de ausencia? Esta mentalidad nos lleva a depredar indiscriminadamente los recursos hídricos, confiando en que se regenerarán por sí solos.
El agua es esencial para la vida en la tierra y cumple múltiples funciones esenciales para nuestro tranquilidad. Además de ser utilizada para consumo humano, también se necesita para la agricultura e industrias, generando beneficios económicos directos cercanos a los USD 7,500 billones anuales. Pero su verdadero valor va mucho más allá de eso.
La naturaleza nos brinda servicios que a menudo no apreciamos y que no podemos medir monetariamente, como la purificación del agua, la mejora de los suelos, el almacenamiento de carbono y la protección de las comunidades frente a inundaciones y sequías extremas, así como la conservación de la biodiversidad. Todo esto genera beneficios indirectos mucho mayores, estimados en un valor de USD 50,000 billones al año. En otras palabras, el agua es un recurso esencial y estratégico que no podemos permitirnos seguir desperdiciando.
De hecho, se estima que el valor económico anual del agua dulce ascendió a USD 58,000 billones de dólares en 2021, lo que equivale al 60% del PIB mundial. Esto demuestra claramente que el agua debe ser considerada como un recurso primordial y estratégico para nuestro ampliación y tranquilidad.
Sin embargo, su valor sigue siendo subestimado y muchas veces se ignora el costo real de su degradación y uso ineficiente. ¿Cuánto cuesta la construcción hecha con arena que se extrae libre de costo si su extracción disminuye permanentemente la capacidad de un río? ¿Qué sustituye el rol de los manglares que protegen las costas de los oleajes? Situaciones como estas han llevado a la pérdida de grandes sumas de dinero y a consecuencias desastrosas en el pasado, como inundaciones en hoteles que eliminaron manglares y sufrieron las consecuencias durante tormentas.
La ataque del agua no solo afecta el valor económico, sino también la salud y tranquilidad de las personas en todo el mundo. Dos tercios de los ríos más grandes del mundo ya no fluyen libremente debido a la construcción de presas y otros impactos humanos, mientras que los humedales siguen perdiéndose a una tasa tres veces más rápida que los bosques. Además, la centro de la población mundial sufre escasez de agua al menos una vez al mes, y 55 millones de personas enfrentan sequías anualmente. Y, de forma irónica, a medida que hay menos agua disponible, aumentan los eventos catastróficos relacionados con el agua.
El riesgo de eventos hídricos extremos amenaza ahora al 10% del PIB mundial, y se espera que este número aumente al 46% en los próximos años. Incluso sin tener en cuenta estas catástrofes, los países menos desarrollados podrían llegar a perder entre 6% y 15% de su PIB para el año





