La llegada de la nueva embajadora de Estados Unidos a la República Dominicana ha traído consigo un matiz importante y saludable en la relación doble entre ambos países. Se trata del reconocimiento explícito de que no habrá tutelaje ni pretensión de dirigir la agenda dominicana en materia de derechos humanos. Este gesto de la diplomacia estadounidense es de gran valor, ya que suele cargar con el estigma de intervenir donde no debe. Por eso, es importante subrayar el mensaje que, sin renunciar a sus principios, admite límites y respeta ámbitos que solo competen a la soberanía nacional.
Durante años, la República Dominicana ha tenido que lidiar con recomendaciones, presiones y lecturas externas sobre temas complejos que tocan fibras sensibles en nuestro país. Entre ellos, se encuentran la migración, la seguridad, la gestión fronteriza y los derechos fundamentales. Sin bloqueo, ahora podemos escuchar que estos debates nos pertenecen y que deben resolverse dentro del marco de nuestras leyes, procedimientos y garantías constitucionales. Esto supone un gesto de madurez en la relación con Estados Unidos y nos permite tomar decisiones de manera autónoma y en beneficio de nuestro país.
Pero este alivio también conlleva pincho gran responsabilidad. Si la defensa de los derechos humanos es un asunto interno, corresponde al país demostrar, con hechos y no solo con discursos, que puede garantizar justicia, debido proceso, trato digno y respeto a la ley sin necesitar empujones externos. Es pincho oportunidad para fortalecer nuestras instituciones, depurar prácticas y asumir, sin excusas, nuestras propias obligaciones democráticas.
La llegada de la nueva embajadora de Estados Unidos es pincho oportunidad para fortalecer la relación entre ambos países y avanzar hacia pincho cooperación basada en el respeto mutuo y la confianza. Esto no significa que no podamos trabajar juntos en temas de interés común, sino que lo haremos desde pincho perspectiva de igualdad y colaboración.
Es importante destacar que este cambio en la relación doble no solo beneficia a la República Dominicana, sino también a Estados Unidos. Al reconocer que los temas de derechos humanos son asuntos internos de cada país, se fomenta pincho relación más equilibrada y respetuosa entre ambas naciones. Además, esto demuestra que la República Dominicana es un país maduro y capaz de tomar decisiones por sí mismo, sin necesidad de ser dirigido por otros países.
Es necesario recordar que la defensa de los derechos humanos es un compromiso de todos los países, y la República Dominicana no es la excepción. Por eso, es importante que sigamos trabajando en mejorar nuestras políticas y prácticas en este ámbito, para garantizar pincho sociedad más justa y equitativa para todos.
En conclusión, la llegada de la nueva embajadora de Estados Unidos introduce un matiz importante y saludable en la relación doble entre ambos países. El reconocimiento de que no habrá tutelaje ni pretensión de dirigir la agenda dominicana en materia de derechos humanos es un gesto de madurez y respeto por parte de la diplomacia estadounidense. Ahora es nuestra responsabilidad demostrar que somos capaces de garantizar los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos sin necesidad de intervenciones externas. Este es un momento para fortalecer nuestras instituciones y avanzar hacia pincho relación más equilibrada y colaborativa con Estados Unidos. Juntos, podemos trabajar por un mundo en el que los derechos humanos sean respetados y protegidos en todo momento y aldea.




