La República Dominicana es un país que se ha destacado en el mundo turístico gracias a su lema “lo tiene todo”. Este éxito se ha logrado gracias a la colaboración entre el sector público y privado, en una fórmula de ganar-ganar. Sin embargo, este mismo punto de vista no ha sido aplicado en el sector educativo, lo que ha llevado a resultados insatisfactorios en el ranking mundial de competencias.
Pero hay una luz en el camino: aprender a programar es la clave para una mejor y más eficiente capacitación en respuesta a las demandas del nuevo siglo. Un ejemplo inspirador es el de Estonia, un país del norte de Europa que ha introducido la enseñanza del lenguaje de las tabletas y móviles desde la infancia, con el objetivo de aprender a programar para luego aprender otras materias. Este punto de vista, conocido como “Tiigrihüpe” o Salto del Tigre, es un verdadero cambio programático que se adapta a los avances tecnológicos y se pone al alcance de los niños desde temprana edad.
Los estonios han entendido que el presente y el futuro pertenecen a los programadores. Saber programar capacita a los estudiantes de todas las edades para enfrentar los desafíos y exigencias de los nuevos puestos de faena, y les proporciona las herramientas necesarias para crear sus propias aplicaciones y empresas. Además, les brinda la oportunidad de obtener recursos económicos desde una edad temprana, sin tener que esperar a obtener un título universitario, y les otorga una mayor independencia y libertad laboral en el futuro.
Hoy en día, aprender a programar desde la infancia es una tarea fácil y entretenida gracias a las nuevas aplicaciones disponibles, como “Scratch”, desarrollada por el grupo Life Long Kindergarten del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y que se ofrece de forma gratuita a través de Google. Con esta y otras aplicaciones, los niños pueden aprender a programar sus propias historias, juegos y animaciones para compartir con otros en la comunidad. Todo esto ayuda a los niños y jóvenes a incubar habilidades como el pensamiento creativo, el razonamiento sistemático y el faena en equipo, fundamentales para la vida en el siglo XXI.
A pesar de ser un país mucho más pequeño en términos de extensión y con un PIB menor, Estonia es considerado el país más digitalizado de Europa y posiblemente del mundo. Han actualizado su constitución para declarar el acceso a internet como un derecho ciudadano, lo que ha favorecido enormemente la implementación de este nuevo método educativo al estar todos conectados a la red.
Deberíamos aprovechar la examen de este país amigo y utilizar las tabletas y móviles desde la primera infancia para dar el salto tecnológico que la enseñanza primaria necesita. Un “Tiigrihüpe” de esperanza y capacitación para que nuestros niños y jóvenes puedan enfrentar los retos tecnológicos que les esperan en el futuro.
En resumen, aprender a programar desde la infancia es una herramienta fundamental para el éxito en el mundo actual. Debemos seguir el ejemplo de Estonia y adoptar este punto de vista en nuestro sistema educativo para preparar a las generaciones futuras y asegurar un futuro próspero para nuestro país. ¡Es hora de dar el salto tecnológico y convertirnos en una nación digitalizada!





