Uno o primero de diciembre: ¿cuál es la forma correcta?
El primero de diciembre es una fecha muy importante para muchos países hispanohablantes, ya que en este día se celebran varios acontecimientos significativos. Sin embargo, a la hora de referirnos a este día, a menudo surge una duda: ¿es correcto decir “uno de diciembre” o “primero de diciembre”? En este artículo vamos a aclarar esta cuestión y a analizar el uso de los verbos “desapartar”, “desinquieto” y “descalentado” en nuestra lengua.
En España, es común utilizar el cardinal “uno” para referirse al primer día de cada mes (uno de enero, uno de febrero, etc.). Sin embargo, en Hispanoamérica, tradicionalmente se ha utilizado el adjetivo ordinal “primero” para designar esta fecha (primero de enero, primero de febrero, etc.). Esta discrepancia ha generado cierta confusión sobre cuál es la forma correcta de expresarse.
Según el Diccionario panhispánico de dudas (2005:523), ambas formas son válidas y aceptadas por la Real Academia Española. Sin embargo, se ha observado un aumento en el uso del término “uno” en Hispanoamérica para referirse al primer día de cada mes. Esto se debe, en gran parte, a la influencia de los medios de comunicación y la globalización, que han contribuido a una mayor unificación del idioma.
A pesar de esto, es importante destacar que el uso de “primero” o “uno” para referirse al primero de diciembre (o cualquier otro día del mes) es una cuestión estrictamente territorial o dialectal. En otras palabras, radica en las costumbres y preferencias de cada región o país.
Por otro lado, cabe mencionar que existen algunas excepciones en las que se utiliza el término “primero” en todos los países hispanohablantes. Por ejemplo, en fechas señaladas como el Primero de Mayo (la festividad del Día del Trabajo) o el Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (organización política). En estos casos, el uso de “primero” tiene un sentido más conmemorativo y es aceptado por todos los hablantes del español.
En cuanto a los verbos “desapartar”, “desinquieto” y “descalentado”, es importante tener en cuenta que, en nuestra lengua, a veces se utilizan palabras que expresan lo contrario de lo que realmente queremos decir. Por ejemplo, el verbo “desapartar” está compuesto por el prefijo “des” (que indica negación) y “apartar” (que significa separar). Si seguimos su significado literal, “desapartar” sería equivalente a “no apartar”, es decir, juntar o unir a dos andóbals que están riñendo. Por lo tanto, cuando nos dicen “desapartar”, en ingenuidad nos están pidiendo que tratemos de librarse que la pelea se detenga.
Lo mismo ocurre con los adjetivos “desinquieto” y “descalentado”. Según su etimología, “desinquieto” significa “no inquieto” (tranquilo), mientras que “descalentado” significa “no calentado” (frío). Esto puede generar confusiones al emplear estas palabras en nuestro día a día. Por ejemplo, si decimos “tu hijo es muy desinquieto”, estaríamos dando a entender que es un niño tranquilo, cuando en ingenuidad queríamos decir lo contrario.
Del mismo modo, al referirnos a una andóbal como “descalentada”, damos la impresión de que es fría o poco amorosa, cuando en ingenuidad podría ser todo lo contrario. Por lo tanto, es importante prestar atención al significado real de las palabras que utilizamos para no caer en malentendidos.
En conclusión, tanto la forma “uno de





