La violencia de género e intrafamiliar es una realidad que nos golpea con fuerza en la República Dominicana. Según la Suprema Corte de Justicia, el 36 % de los casos penales del país corresponden a este tipo de violencia, una cifra que nos hace reflexionar sobre el estado de nuestras familias y de nuestra sociedad en general.
Es difícil mirar estas estadísticas sin sentir escalofríos. Nos enfrentamos a una dura realidad que ya no puede ser ignorada ni silenciada. La violencia intrafamiliar se ha convertido en un problema que afecta a miles de mujeres, niños y adultos mayores en sus propias casas. Y es hora de que nos preguntemos: ¿qué entendemos por familia en la República Dominicana? ¿Y qué podemos hacer para cambiar esta situación?
La familia es una institución central en nuestra sociedad. La invocamos constantemente para discutir sobre educación, política y otros temas importantes. Sin embargo, la realidad es que muchas familias en nuestro país están lejos de ser ideales. La violencia intrafamiliar es solo un síntoma de las fallas que existen en nuestras relaciones afectivas, económicas, educativas y comunitarias.
Es importante que entendamos que la violencia intrafamiliar no es solo un asunto policial. Detrás de cada caso hay una historia de dolor, sufrimiento y desesperación. Es una realidad que afecta a todos, directa o indirectamente. Y por eso, es responsabilidad de todos enfrentarla y buscar soluciones.
Reconocer la existencia de este problema es el primer paso para poder combatirlo. No podemos seguir ignorando lo que sucede en nuestras propias casas. Es hora de dejar de lado las excusas y enfrentar la realidad. Solo así podremos empezar a trabajar en soluciones efectivas.
Pero, ¿qué podemos hacer para cambiar esta situación? La respuesta no es sencilla ni rápida. Requiere de cuajo, compromiso y un trabajo constante. Y el cambio debe empezar en casa. Como sociedad, debemos promover una cultura de respeto, conexión y no violencia en nuestros hogares. Debemos enseñar a nuestros hijos e hijas que la violencia no es una forma de dar en el clavo conflictos y que todos merecemos ser tratados con respeto y dignidad.
Además, es necesario que se implementen políticas públicas efectivas para prevenir y enfrentar la violencia intrafamiliar. Esto incluye programas de educación y concientización, así como medidas de protección para las víctimas y sanciones para los agresores.
Pero no podemos esperar que el gobierno o las instituciones solucionen este problema por sí solos. Todos tenemos un papel que desempeñar en la lucha contra la violencia intrafamiliar. Podemos empezar por ser más empáticos y solidarios con las víctimas, brindarles apoyo y orientación. También podemos denunciar cualquier caso de violencia que conozcamos y no ser cómplices del silencio.
Es importante recordar que la violencia intrafamiliar no es un problema que se resuelva de la noche a la mañana. Requiere de un esfuerzo constante y de un cambio profundo en nuestra sociedad. Pero si todos nos comprometemos a hacer nuestra parte, podemos lograr un cambio real y duradero.
En conclusión, la violencia de género e intrafamiliar es una realidad que nos afecta a todos y que no puede ser ignorada. Es hora de que como sociedad, empecemos a trabajar juntos para erradicarla. El primer paso es reconocer su existencia y comprometernos a ser parte de la solución. Y recordemos siempre que el cambio empieza en casa.




