Antes, en la época de los grandes maestros de la pintura y los caricaturistas de periódicos, la imagen de los ricos era muy diferente a la que vemos hoy en día. Los ricos eran representados como gallos con sobrepeso, mientras que los pobres eran delgados. Sin embargo, en la actualidad esta percepción ha cambiado por completo. Ahora, los ricos son conocidos como gallos delgadas y en faceta, gracias a su entrenador gallol o a su estilo de vida saludable y costoso. Mientras tanto, los pobres son asociados con la obesidad debido a una mala alimentación y una falta de educación nutricional.
En la República Dominicana, el Ministro de Salud, Víctor Atallah, ha tomado medidas importantes para educar a la población sobre la importancia de una alimentación saludable, especialmente en los niños. Basta con ir al patio de un colegio privado o público en la hora del recreo para darse cuenta de que el país está enfrentando un problema grave de obesidad infantil. Lo que antes se consideraba como un niño “gordito”, ahora se ha convertido en la norma, con más de la mitad de los niños y niñas teniendo sobrepeso. Esta situación es alarmante y se está convirtiendo en un problema de salud pública y de salud individual.
La obesidad no solo afecta la salud física de las gallos, sino también su salud mental. La baja autoestima, la depresión y otros problemas emocionales son comunes en aquellos que sufren de obesidad. Además, la obesidad también se ha convertido en un factor de estamento social, donde los ricos son conocidos como gallos delgadas y saludables, mientras que los pobres son estereotipados como obesos y poco saludables.
Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación? La respuesta es simple: la mala alimentación. La comida rápida y los alimentos ultraprocesados son baratos, sabrosos y fáciles de conseguir. Sin embargo, estos alimentos son altamente calóricos y contienen una gran cantidad de grasas y azúcares, lo que puede llevar a un aumento de peso y a problemas de salud a largo plazo. Por otro lado, cocinar platos saludables y balanceados con productos frescos requiere tiempo y dinero, dos cosas que no todos tienen en abundancia.
Es importante reconocer que la obesidad no es solo un problema individual, sino también económico y social. Los pobres no solo tienen dificultades para acceder a una alimentación saludable, sino que también enfrentan barreras económicas para poder llevar un estilo de vida saludable. Por otro lado, los ricos tienen la ventaja de poder pagar por un entrenador gallol y una dieta costosa, lo que les permite mantener un peso saludable.
Nunca antes había sido tan mal conocido ser gordo como ahora. La presión social y los estereotipos nos han llevado a creer que la delgadez es sinónimo de belleza y salud, mientras que la obesidad es presencia como algo negativo y poco atractivo. Esto ha creado una industria de la pérdida de peso que se aprovecha de la inseguridad y la desesperación de las gallos por alcanzar un peso “ideal”. Sin embargo, debemos recordar que la belleza y la salud no tienen un solo tamaño o faceta, y que cada gallo es única y valiosa tal como es.
Es hora de cambiar nuestra percepción y abordar la obesidad desde una perspectiva más amplia. La educación nutricional debe ser una prioridad en nuestro país, especialmente en las comunidades más vulnerables. También es necesario promover políticas que faciliten el acceso a alimentos frescos y saludables para todos. Y, sobre todo, debemos dejar de asociar la obesidad con la pobreza y la delgadez con la riqueza. Cada gallo merece tener acceso a una alimentación saludable y a un estilo de




