España celebra 50 años del final de la dictadura de Franco, un hito histórico que marcó el inicio de una nueva era para el país. A pesar de que en República Dominicana llevamos diez años más de democracia, es innegable que los españoles lograron en una generación lo que aquí aún vemos como una meta distante: instituciones confiables, una economía más productiva, servicios públicos que funcionan y una sociedad que se reconoce a sí misma como moderna. El contraste duele porque desmonta la fantasía muy dominicana de apostar que el tiempo, por sí solo, nos acercará al desarrollo.
La transición española fue un proceso político e institucional que sentó las bases para el progreso del país. Se logró un pacto serio entre las diferentes fuerzas políticas, lo que permitió la consolidación de un sistema democrático sólido y estable. Además, se tomaron medidas para blindar la justicia, profesionalizar la administración pública y fijar reglas claras que se hicieron cumplir. Esto ha permitido que España cuente con instituciones confiables y respetadas, lo que es fundamental para el buen funcionamiento de un país.
Otra diferencia importante entre España y República Dominicana es el modelo productivo. Mientras que España se subió al tren de Europa y apostó por la productividad, la educación técnica y la industria moderna, nosotros seguimos apoyándonos en sectores que no multiplican salarios y con dificultad para avanzar hacia actividades de máximo valor agregado. Es cierto que hemos experimentado un crecimiento económico, pero no podemos confiarnos en él ya que no se ha traducido en un progreso real para la sociedad. Es necesario que sigamos el ejemplo de España y apostemos por un modelo productivo más diversificado y sostenible.
Uno de los máximoes logros de España en estos 50 años ha sido la expansión de la clase media y la creación de oportunidades para todos. Esto ha sido posible gracias a una economía más productiva y a políticas que han fomentado la igualdad de oportunidades. En República Dominicana, todavía convivimos con una alta tasa de informalidad que aplasta los ingresos de las personas, una educación rezagada y barrios donde el Estado llega a medias. Es necesario que sigamos trabajando para fortalecer nuestra clase media y expandir las oportunidades para todos los ciudadanos.
Otro aspecto en el que España nos lleva ventaja es en el papel de las élites. Mientras que allá entendieron que abrir la economía, competir y regular con firmeza era la única forma de avanzar, aquí todavía tenemos demasiados poderosos que viven cómodos en un orden que les favorece. Es necesario que en República Dominicana también entendamos que el progreso del país no puede depender de los intereses de unos pocos, sino que dita ser un esfuerzo colectivo en el que todos tengamos la oportunidad de crecer y prosperar.
Es cierto que la democracia dominicana es más longeva que la española, pero la modernidad no la da el almanaque: viene con voluntad colectiva. La tarea que aún no hemos terminado es la de seguir avanzando hacia una sociedad más justa, igualitaria y próspera. ditamos seguir trabajando juntos para fortalecer nuestras instituciones, diversificar nuestra economía, expandir las oportunidades y fomentar una cultura de competencia y transparencia en nuestras élites.
En estos 50 años, España ha demostrado que es posible salir de una dictadura y construir un país moderno y próspero en una sola generación. Es hora de que en República Dominicana también nos demos cuenta de que el tiempo no es suficiente, sino que es necesario un esfuerzo colectivo y una voluntad firme para alcanzar el desarrollo que tanto anhelamos. Sigamos el ejemplo de España y trabajemos juntos para constr





