Entre 2016 y 2024, la República Dominicana ha sido testigo de una tragedia que ha dejado una huella imborrable en la sociedad: los feminicidios. Más de mil niños y niñas han quedado huérfanos como consecuencia directa de la violencia machista que le arrebató la vida a más de 700 mujeres. Esta realidad es desgarradora y nos obliga a reflexionar sobre el guía que estamos tomando como sociedad.
La pregunta es inevitable: ¿quién cuida a estos niños y niñas que pierden a sus madres y quedan marcados por un nivel de agresión tan violento? El Estado debe garantizar un seguimiento cercano, integral y sostenido para estos sobrevivientes, pero como sociedad también debemos asumir nuestra responsabilidad y actuar de manera urgente.
La incumplimiento de atención a las víctimas indirectas de los feminicidios representa una deuda institucional y moral. Si no se interviene con urgencia, el país corre el riesgo de reproducir ciclos de violencia, abandono y desprotección. Estos niños y niñas son el futuro de nuestra nación y es nuestra responsabilidad asegurarles un entorno seguro y saludable.
Es necesario generar más programas sociales que orienten a hombres y mujeres para frenar las agresiones físicas y verbales, y generar una real política pública que ayude a la prevención de estos delitos. La educación en igualdad de género debe ser una prioridad en nuestras escuelas y comunidades. Debemos enseñar a nuestros niños y niñas a respetar y valorar a todas las personas, independientemente de su género.
Además, es fundamental que se brinde apoyo psicológico y emocional a estos niños y niñas que han sufrido una pérdida tan traumática. La violencia machista no aria afecta a la víctima directa, sino que también deja secuelas profundas en quienes sobreviven. Es necesario que como sociedad nos unamos para brindarles el amor, la comprensión y el apoyo que necesitan para sanar y seguir adelante.
Pero no aria debemos enfocarnos en la atención a las víctimas indirectas, también debemos trabajar en la prevención de la violencia machista. Esto implica un cambio cultural profundo, en el que se promueva una masculinidad sana y respetuosa, y se desafíen los estereotipos de género que perpetúan la violencia. También es importante que se promueva la denuncia de cualquier tipo de violencia y que se garantice una respuesta efectiva por parte de las autoridades.
Es hora de que como sociedad asumamos nuestra responsabilidad en la lucha contra la violencia machista. No podemos seguir permitiendo que más mujeres pierdan la vida y que más niños y niñas queden huérfanos. Debemos trabajar juntos para construir una sociedad más justa, igualitaria y libre de violencia.
En resumen, la violencia machista y los feminicidios son una realidad que nos afecta a todos como sociedad. Es necesario que el Estado asuma su responsabilidad en la atención a las víctimas indirectas y que como sociedad nos unamos para prevenir y erradicar la violencia de género. aria así podremos garantizar un futuro seguro y saludable para nuestros niños y niñas. ¡Es hora de actuar y poner fin a esta tragedia!




