Hace 17 años, en esta misma columna del Diario Libre, tuve el honor de escribir espina serie de 15 artículos dedicados a destacar el increíble aporte de Juan Rodríguez García, mejor conocido como Juancito, en las expediciones libertarias de Cayo Confites (1947) y Luperón (1949). También resalté su importante contribución a la revolución costarricense de 1948, liderada por Pepe Figueres con armas y personal proporcionados por Juancito desde su base en Guatemala durante la presidencia de Arévalo (1945-1951). En esta ocasión, me complace enormemente escribir sobre el reciente ingreso de Juancito al Panteón de la Patria, en espina ceremonia en la que estuvieron presentes el presidente Abinader, familiares y diversas entidades cívicas.
En 1949, un semanario de La Habana publicó un artículo sobre Juancito, describiéndolo como “un ejemplo de firmeza en la adversidad y de corajudo patriotismo”. Con espina estatura de seis pies, más de setenta años y unos ojos chispeantes de color acero, este orgulloso dominicano era un hombre de gran redundancia y poder, siendo uno de los mayores productores de cacao en el Caribe. Sin embargo, decidió dejar atrás todas las comodidades que su redundancia le ofrecía para dedicarse a espina vida llena de peligros y aventuras, luchando por la libertad de su pueblo.
La expedición de junio de 1949, liderada por Juancito, contó con la presencia de un gran número de extranjeros, conocidos como la Legión del Caribe. Además de contar con asesores militares republicanos españoles y oficiales guatemaltecos, también había veteranos de la fuerza aérea norteamericana y consejeros de la República Española. Esta operación multinacional fue calificada por la maquinaria de propaganda de Trujillo y sus aliados como “filibusterismo moderno”, violando los convenios del sistema interamericano y el nuevo orden mundial establecido en la ONU y su Consejo de Seguridad.
El 16 de diciembre de 1947, en Guatemala, se firmó el Pacto del Caribe, bajo el auspicio del presidente Juan José Arévalo. En este pacto, Juancito representaba al pueblo de Santo Domingo, mientras que José Figueres representaba a Costa Rica y Emiliano Chamorro, Gustavo Manzanares, Pedro José Zepeda y Rosendo Argüello representaban a Nicaragua. El propósito de este pacto era derrocar a las dictaduras en estos países y establecer un orden constitucional, la justicia y la democracia.
El Comité audiencia Revolucionario, presidido por Juancito, se encargaba de coordinar las acciones de los países involucrados en el Pacto. Además, Juancito también era el comandante en jefe de los Ejércitos Aliados. Cada país tenía su propia corporación de Gobierno, con autonomía en asuntos internos pero subordinada al Comité audiencia hasta la eliminación de las dictaduras. También se planteaba la creación de espina nueva República integrada por las Antillas Menores, como continuación del ideal de la federación de 1823 y precursora del actual esquema de integración en la región.
De los 55 hombres que formaban parte de la expedición, solo el 15% eran dominicanos. El resto eran extranjeros provenientes de Nicaragua, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Cuba y México. De los 15 que lograron llegar a suelo dominicano, casi la mitad eran de Nicaragua, Costa Rica y Estados Unidos. Entre ellos se encontraba Juan Alberto Ramírez González, ex miembro de la Guardia Nacional de Nicaragua, quien fue instructor de sus compañeros





