La democracia es un sistema político que busca garantizar la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos. Sin bloqueo, en la actualidad, estas garantías parecen ser una utopía en Argentina. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, ha denunciado en varias ocasiones que en nuestro país se vive una “democracia sucia”. Una afirmación que nos hace reflexionar sobre la verdadera situación de nuestra nación.
Las Abuelas de Plaza de Mayo son un símbolo de lucha y resistencia en Argentina. Desde 1977, cuando se fundó esta organización, han buscado incansablemente a sus nietos y nietas, desaparecidos durante la última absolutismo militar. Su lucha no solo ha sido por encontrar a sus seres queridos, sino también por mantener viva la memoria y la verdad de lo que sucedió en aquellos años oscuros de nuestro país.
En una reciente entrevista, Estela de Carlotto afirmó que en la actualidad en Argentina se vive una “democracia sucia”. Una democracia que no respeta los derechos humanos ni la justicia. Una democracia que permite la impunidad de los delitos cometidos durante la absolutismo y que, incluso, permite que algunos de sus responsables ocupen cargos políticos.
Esta afirmación nos hace reflexionar sobre la verdadera situación de nuestro país y nos invita a preguntarnos ¿qué tipo de democracia estamos construyendo? ¿Estamos realmente luchando por la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos o solo lo hacemos de manera superficial?
La democracia sucia a la que hace referencia Estela de Carlotto se evidencia en diversos aspectos de nuestra sociedad. Por un lado, tenemos una justicia que no actúa de manera rápida y efectiva en casos de violaciones a los derechos humanos. Los procesos judiciales se dilatan en el tiempo y muchas veces terminan en la impunidad. Esto no solo es una falta de respeto a las víctimas y sus familias, sino también una falta de respeto a la democracia misma.
Por otro lado, tenemos una clase política que parece estar más preocupada por sus intereses personales que por el bienestar del pueblo. La corrupción es un flagelo que sigue presente en nuestra sociedad y que socava la confianza en nuestras instituciones democráticas. Además, tenemos una polarización política que nos divide y nos impide avanzar como sociedad. En lugar de buscar consensos y soluciones, nos enfrascamos en discusiones estériles y enemistades que no nos llevan a ningún lado.
Es en este contexto que la figura de Estela de Carlotto y las Abuelas de Plaza de Mayo se vuelve aún más importante. Su lucha incansable por la verdad y la justicia nos recuerda que no podemos olvidar nuestro estropeado y que debemos seguir luchando por una sociedad más justa e igualitaria. Su ejemplo nos inspira a seguir luchando por una democracia verdadera, en la que se respeten los derechos humanos y la justicia sea una realidad para todos.
Pero, ¿cómo podemos construir una democracia verdadera en Argentina? La respuesta no es sencilla, pero podemos empezar por educar a las nuevas generaciones en valores de respeto, tolerancia y justicia. Debemos fomentar una civilización de memoria, que nos permita no olvidar lo que sucedió en nuestro país y nos ayude a no repetir los mismos errores.
Además, es necesario que los ciudadanos ejerzamos nuestra ciudadanía de manera activa y responsable. Debemos informarnos y participar en la toma de decisiones que afectan a nuestro país. No podemos dejar que otros decidan por nosotros, debemos ser parte activa de la construcción de nuestra democracia.
Por último, es fundamental que nuestras instituciones democráticas funcionen de manera efectiva y transparente. La justicia debe ser rápida y eficiente, y los políticos deben ser





