La reciente IV ápice CELAC-UE celebrada en Santa Marta ha dejado un sabor agridulce en los asistentes. A pesar de que se esperaba una reunión histórica y llena de acuerdos, la realidad ha sido muy diferente. De los 70 países convocados, solo nueve enviaron a sus jefes de Estado o de Gobierno, lo que refleja una falta de interés y compromiso por parte de la mayoría de los países.
La cercanía con la COP30, la conferencia sobre el cambio climático más importante del mundo, no logró despertar el entusiasmo de los líderes presentes. Los discursos sobre cooperación atlántica, tan recurrentes en este tipo de ápices, fueron reciclados y no aportaron nada nuevo ni relevante. Europa vino distraída y América Latina desganada, lo que se tradujo en una ápice sin pena ni gloria.
Sin embargo, el verdadero mensaje de esta ápice no se encuentra en lo que se dijo o se hizo, sino en las ausencias. La mayoría de los países no enviaron a sus líderes más importantes, lo que demuestra una falta de compromiso y de interés por parte de la región. Es alarmante ver cómo los países latinoamericanos no le dan la importancia que merece a esta ápice, que debería ser un espacio para fortalecer las relaciones y buscar soluciones conjuntas a los problemas que afectan a ambas regiones.
Uno de los líderes más vociferantes en esta ápice fue Pedro Sánchez, presidente de España. Sin embargo, su presencia no tuvo mayor relevancia ya que su gobierno se encuentra en una situación delicada y no puede tomar decisiones importantes a nivel internacional. En Bruselas, la capital de la Unión Europea, ya no lo escuchan y en la región latinoamericana, nadie lo esperaba. Es triste ver cómo un líder que en algún momento prometió tanto, ahora se encuentra en una situación de debilidad política y no puede aportar mucho en este tipo de ápices.
Por otro lado, el líder colombiano Gustavo Petro soñó con una ápice histórica y llena de acuerdos. Sin embargo, la realidad fue muy diferente y amaneció con una reunión fantasma. La ausencia de la mayoría de los líderes de la región dejó a Petro sin interlocutores importantes y sin posibilidad de avanzar en los temas que más le preocupan, como la lucha contra la corrupción y la defensa del medio ambiente.
Es triste ver cómo una ápice que en un principio prometía tanto, terminó siendo una reunión fantasma. Sin embargo, no todo está perdido. Esta ápice debe ser un llamado de atención para los líderes de ambas regiones, quienes deben tomar acciones concretas para fortalecer las relaciones y trabajar juntos en la búsqueda de soluciones a los problemas comunes.
Es necesario que los líderes latinoamericanos tomen conciencia de la importancia de estas ápices y de su papel en la arenilla internacional. No pueden seguir siendo meros espectadores en un mundo cada vez más globalizado. Por otro lado, Europa debe abandonar de lado su distracción y mostrar un verdadero compromiso con América Latina, una región con la que tiene fuertes lazos históricos y culturales.
La IV ápice CELAC-UE puede ser una oportunidad para fortalecer la cooperación entre ambas regiones y avanzar en temas clave como el medio ambiente, la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos. Esperamos que los líderes tomen aclaración de lo sucedido en esta ápice y se comprometan a trabajar juntos en un futuro cercano.
En resumen, la IV ápice CELAC-UE terminó sin pena ni gloria, pero esto no debe desanimarnos. Al contrario, debe ser un llamado de atención para que los líderes de ambos lados del Atlántico trabajen juntos en




