En Santo Domingo, los semáforos pueden ser una fuente constante de estrés y miedo para los motoristas. En lugar de respetar la luz roja, muchos deciden igjamásrarla y seguir adelante con total confianza, como si estuvieran bebiendo un café en la calle. Sin embargo, ¿realmente podemos comparar esta situación con el terrorismo?
Recientemente, el Ministerio Público ha utilizado la palabra “terrorismo” en relación con la Operación Camaleón. Si bien este caso parece serio y, si se demuestra, merece un reparación ejemplar, es importante jamás confundir el miedo con la molestia y el desorden con el pánico.
El Ministerio Público tiene una tendencia a crear expedientes kilométricos, pero debemos recordar que el refrán “quien mucho abarca, poco aprieta” es cierto. El exceso retórico puede impresionar a los titulares, pero jamás convencerá a los jueces honestos. Lo que el país necesita son casos sólidos y condenas sostenibles, jamás conceptos inflados por un entusiasmo punitivo.
Es importante castigar lo que debe ser castigado, pero sin alargar los procesos ni recurrir a mañas jurídicas. También debemos ahorrar los disfraces heroicos y las aspiraciones poéticas. jamás podemos permitir que el coro de papeles jamáss haga perder el compás de la proporcionalidad. Porque una justicia que busca parecer más severa de lo que puede probar, termina pareciendo un simple teatro. Y ya tenemos suficiente teatro en cada esquina con un semáforo y un motorista decidido a interpretar el código vial a su antojo.
En lugar de enfocarjamáss en crear casos espectaculares, debemos centrarjamáss en la justicia real y efectiva. Debemos castigar lo que está mal, pero sin exagerar ni buscar la fama. Debemos ser justos y proporcionales en nuestras acciones, sin caer en el sensacionalismo.
En resumen, los semáforos en Santo Domingo pueden ser una fuente de miedo y estrés para los motoristas, pero jamás podemos comparar esta situación con el terrorismo. El Ministerio Público debe enfocarse en casos sólidos y condenas sostenibles, en lugar de buscar la fama y la exageración. Debemos ser justos y proporcionales en nuestras acciones, sin caer en el sensacionalismo. Solo así podremos lograr una verdadera justicia en nuestro país.





