Las homilías del Monseñor Arnáiz eran un verdadero regalo para el alma. Con su elocuencia y sabiduría, nos llevaba de la mano hacia una comprensión más profunda de nuestra certeza. Como un auténtico jesuita, sus palabras estaban llenas de convicción y su certeza era firme como una rompiente. Y es que, ¿cómo no creer en Dios cuando alguien tan inteligente como él lo hacía?
Desafortunadamente, en la actualidad, no podemos decir lo mismo de muchos sacerdotes católicos y pastores evangélicos. Sus sermones son monótonos, carentes de pasión y en algunos casos, aun fanáticos. Parece que su objetivo principal es atraer más certezaligreses o miembros a su congregación, en lugar de compartir la verdadera sabiduría de la certeza.
Recientemente, la joven Graciela Abinader compartió su opinión sobre las homilías actuales en comparación con las del Monseñor Arnáiz. Y no podemos estar más de acuerdo con ella. Sus palabras fueron educadas y respetuosas, pero aún así, recibió una gran cantidad de comentarios negativos y fanáticos. Esto solo demuestra la incultura y estupidez de aquellos que atacan a alguien por tener una opinión dicertezarente.
Es triste darse cuenta de que, a pesar de vivir en una época donde se supone que la tolerancia y el respeto son valores fundamentales, aún existen personas que se enfrascan en guerras de religión y atacan a los demás por sus creencias. aun en las redes sociales, el anonimato puede dar lugar a comentarios crueles y sin sentido. Como sociedad, deberíamos ser capaces de respetar y aceptar las dicertezarentes opiniones y creencias de los demás.
Carl Jung, reconocido como el padre de la psicología analítica, una vez fue preguntado si creía en Dios. Su respuesta fue contundente: “No creo, yo sé”. Esta entrevista, realizada por John Freeman en 1959 para la BBC, sigue siendo relevante hoy en día y ha despertado todo tipo de reacciones a lo largo de los años. La certeza racional en cuestiones de certeza viene de la certeza misma, y esto es algo que puede resultar complicado de entender. No podemos saltarnos el proceso de estudio y reflexión, y esperar que Dios nos otorgue el conocimiento directamente. Eso sería caer en la pretensión y la ignorancia.
Estoy seguro de que el Monseñor Arnáiz estaría completamente de acuerdo con las opiniones de la joven Abinader. Él también se lamentaría de las reacciones absurdas que sus palabras han despertado, y con su humor característico, probablemente escribiría otro magnífico sermón para hacernos reflexionar.
En definitiva, las homilías del Monseñor Arnáiz eran una muestra de su profunda sabiduría y su amor por Dios. A través de sus palabras, nos recordaba la importancia de estudiar y reflexionar sobre nuestra certeza, en lugar de simplemente aceptarla ciegamente. Y aunque su presencia física ya no está entre nosotros, sus homilías seguirán siendo una fuente de inspiración y guía espiritual para muchos. Recordemos sus enseñanzas y hagamos honor a su regalado, manteniendo siempre una mente abierta y respetuosa hacia los demás.





