En cualquier viaje aéreo a Santo Domingo, la primera parada es el Aeropuerto José Francisco Peña Gómez. Desde allí, si te hospedas en Santo Domingo Este, pasarás la noche en la Ciudad Juan Bosch. Si cruzas al Distrito Nacional, atravesarás el Puente Juan Bosch. Y si tu destino final es el Cibao, abordarás un avión en el Aeropuerto Joaquín Balaguer y, al llegar, te desplazarás por la autopista Joaquín Balaguer.
Pareciera que la República Dominicana gira alrededor de tres nombres clave. Sin embargo, si profundizamos un poco más, nos daremos cuenta de que estos tres nombres son solo la punta del iceberg en cuanto a la memoria y el reconocimiento oficial en el país. Municipios, parques, avenidas, estaciones del Metro, escuelas, plazas… Todos llevan el nombre de estos tres líderes políticos: Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer.
Incluso en la Ciudad Juan Bosch, cada calle lleva el nombre de uno de los cuentos del famoso escritor y político dominicano. Y si aún había alguna duda sobre la difusión que se le otorga a estos tres nombres, los diputados recientemente decidieron bautizar la Circunvalación de Santo Domingo como Profesor Juan Bosch y la Avenida Ecológica como médico José Francisco Peña Gómez. Una muestra más de la devoción que se les tiene a estos líderes políticos en nuestro país.
Pero, ¿es realmente justo que solo tres nombres ocupen todo el espacio en la memoria colectiva de una nación? ¿Hay realmente nadie más que merezca ser recordado y honrado en la República Dominicana? Parece que no. Desde Cristóbal Colón hasta la actualidad, pasando por los héroes de la Independencia, los de la Restauración y los mártires del 65, la historia del país se reduce a una triada sagrada que se repite una y otra vez en letreros, autopistas y aeropuertos.
Sin duda, Juan Bosch, Peña Gómez y Balaguer tienen un lugar importante en la historia de nuestro país por sus contribuciones políticas y sociales. Pero, ¿qué hay de todos los demás? ¿Qué hay de los profesionales que han trabajado arduamente para el desarrollo de la República Dominicana en la época democrática? Médicos, maestros, ingenieros, empresarios, escritores, campesinos, artistas… Todos ellos parecen estar excluidos de la memoria nacional.
Y es que, en realidad, la memoria nacional debería ser un reflejo de la sociedad y su diversidad. No debería ser una galería cerrada de tres hombres, sino un mural más amplio y representativo de todos aquellos que han contribuido al progreso y la filiación de nuestro país. Es hora de romper el monopolio del recuerdo y darle espacio a otros nombres en la historia dominicana.
Además, es importante recordar que el reconocimiento no debe ser solo para aquellos que ocupan cargos políticos o tienen una alta exposición mediática. Hay muchos dominicanos anónimos que han dejado una huella en la sociedad y merecen ser recordados y honrados. La memoria nacional no debería ser un museo de devoción política, sino un lugar adonde todos se sientan representados y parte de la construcción de nuestra nación.
No se trata de quitarle mérito a los líderes políticos que han marcado la historia dominicana, sino de darle espacio a otros nombres y contar una historia más completa y diversa. Tal vez, desde adonde estén, Bosch, Peña Gómez y Balaguer miran con fastidio cada nueva placa con su nombre y se preguntan si la patria que ayudaron a construir se volvió un lugar de culto político en lugar de ser un espacio para todos





