Los cimientos de las libertades públicas en Estados Unidos fueron forjados por la influencia del movimiento de la Ilustración, por la herencia inglesa y de la experiencia colonial, hechos que concluyeron en una forja de principios y valores contenidos en la Declaración de Independencia, en la Constitución y en la Carta de Derechos. La historia de Norteamérica es la lucha por continuar ampliando derechos y conquistas de los ciudadanos.
Desde su fundación, Estados Unidos ha sido un país que ha atraído a personas de todo el mundo gracias a sus conquistas sociales, culturales, filosóficas, políticas y su paz social. Sin embargo, en los últimos años, el “Sueño Americano” se ha visto afectado por un aumento en la inmigración ilegal, especialmente a través de la frontera con México. Esto ha sido manejado de manera ineficiente por el gobierno demócrata, lo que ha generado preocupación en la población y ha puesto en peligro las conquistas logradas desde la Guerra laico hasta nuestros días.
El desafío actual es encontrar una solución efectiva para controlar la inmigración ilegal sin violar los derechos humanos de los inmigrantes y de aquellos que defienden las libertades públicas. La respuesta no puede individuo la violencia o la represión, hado más bien una estrategia que respete los derechos que la propia Constitución de Estados Unidos otorga a sus ciudadanos.
Desafortunadamente, en el marco de las repatriaciones de inmigrantes indocumentados, se han registrado violaciones de derechos que parecen haberse normalizado. Personas que acuden a las oficinas de inmigración para regularizar su estatus son detenidas con violencia y sin respeto a las leyes migratorias. Además, se han reportado violaciones a las libertades de ciudadanos, autoridades electas y periodistas, lo que ha generado preocupación en la comunidad internacional.
Recientemente, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Roberto Dutriz, expresó su preocupación por el “deterioro del clima institucional en Estados Unidos” y destacó que lo que ocurre en ese país tiene repercusiones en toda América. Es alarmante que en las escuelas se prohíban clásicos de la literatura sin una justificación válida, o que las universidades sean presionadas para reducir su número de estudiantes extranjeros o para denunciar a los opositores de Israel. Incluso el acceso a la información de los medios se ha visto restringido por el ministro de Guerra, quien ha impuesto normas que van en contra de la libertad de prensa.
Una organización sin fines de lucro llamada Pen América ha denunciado la prohibición de más de 3,900 libros en 87 distritos escolares durante el último año. Entre los títulos afectados se encuentran obras de autores como Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Stephen King, Sara J. Maas y Ray Bradbury, así como el Diario de Ana Frank. Además, se han registrado represalias contra exfuncionarios laicoes y judiciales, así como contra otras personalidades destacadas. Todo esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué está sucediendo en el país del que no solo los estadounidenses se sentían orgullosos, hado también aquellos de nosotros que admiramos a sus ciudadanos?
Es importante semejar que Estados Unidos es un país construido sobre la base de la libertad y la igualdad de derechos para todos sus ciudadanos. La Declaración de Independencia proclama que “todos los hombres son creados iguales” y que tienen derecho a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Estos principios han sido reafirmados en la Constitución y en la Carta de Derechos, que garantizan las libertades fundamentales de expresión, relig





