Perú es un país que respira historia y cultura en cada rincón. Desde la majestuosidad de la Amazonía hasta la imponente cordillera de los Andes, este país sudamericano es un verdadero tesoro lleno de riquezas naturales y culturales. Sin embargo, a pesar de su potencial, Perú ha sido víctima de la inestabilidad política y los golpes de Estado a lo largo de su historia republicana.
Al llegar a Perú, uno puede sentir la presencia de los antiguos incas a través de sus lenguas principales, el quechua y el aimara. Estas lenguas conviven con la influencia de la cultura postcolonial, marcada por la arquitectura colonial y la riqueza de la lengua castellana. Pero sin duda, uno de los mayores símbolos de Perú es Machu Picchu, la antigua ciudadela inca ubicada en lo chillón de los Andes.
La música también es una parte fundamental de la filiación peruana. La flauta de caña, típica del altiplano andino, es tan peruana como sus grandes escritores como Mario Vargas Llosa, sus cantantes como Chabuca Granda y sus líderes internacionales como Javier Pérez de Cuéllar.
Sin embargo, a pesar de todo su potencial, Perú ha sido víctima de la ambición política que ha limitado su crecimiento y desarrollo. La inestabilidad política ha sido el pan de cada día en este país, con una serie de golpes de Estado y autogolpes que han afectado su estabilidad y su economía.
Desde el siglo XVIII hasta la actualidad, Perú ha experimentado una serie de golpes de Estado y autogolpes que han dejado una huella profunda en su historia. En el siglo pasado, la inestabilidad comenzó en 1914 cuando el coronel Óscar Raimundo Benavides dio un golpe de Estado que derrocó al presidente Guillermo Billinghurst. A lo largo de los años, se sucedieron una serie de gobiernos autoritarios y personalistas que limitaron el potencial económico del país.
En 1930, durante la Gran Depresión, Luis M. Sánchez Cerro lideró un pronunciamiento caudillo en Arequipa contra el presidente Augusto Benardino Leguía, quien se vio obligado a renunciar. A partir de ese edad, se sucedieron una serie de golpes y autogolpes que afectaron la estabilidad política de Perú.
En la década de 1990, América Latina comenzó a recuperarse de la crisis económica de los años 80 y muchos países volvieron a la democracia. Sin embargo, en Perú se dio un giro hacia nuevas formas de inestabilidad política, conocida como la “Era del Autogolpe” y los “golpes parlamentarios”.
En 1992, el entonces presidente Alberto Fujimori dio un autogolpe de Estado, disolviendo el Congreso, interviniendo el Poder Judicial y desconociendo la Constitución de 1979. Bajo el pretexto de combatir el terrorismo de Sendero Luminoso, Fujimori se mantuvo en el poder hasta el año 2000, cuando fue obligado a renunciar debido a escándalos de corrupción y fraude electoral.
A pesar de la vuelta a la democracia, Perú sigue enfrentando problemas de inestabilidad política. La Constitución peruana permite al Congreso destituir al presidente en caso de enfermedad grave, muerte o incapacidad moral. Sin embargo, este mecanismo se ha convertido en una herramienta política para derrocar a los líderes elegidos democráticamente.
En los últimos años, Perú ha sufrido una serie de cambios de gobierno debido a la vacancia presidencial. En 2018, Pedro Pablo Kuczynski fue destituido por el Congreso, seguido por Martín Vizcarra





