La noticia que se ha hecho eco en todo el país ha conmocionado a la agrupación. Una niña de tan solo diez años de edad fue víctima de un acto de crueldad extrema en su propio hogar, en Villa Linda, perteneciente al municipio Los Alcarrizos. Fue castigada con una mano sobre una hornilla encendida, golpeada brutalmente y puesta en aislamiento para que sus gritos no alertaran a nadie. Un hecho que nos estremece tanto por lo grotesco de la situación como por lo que revela sobre nuestra agrupación.
Lamentablemente, situaciones como esta no son casos aislados. Son un síntoma de una realidad que aún sigue presente en nuestra agrupación: la violencia contra la niñez. Este incidente nos deja en evidencia que aún hay un largo camino por recorrer en términos de protección y cuidado de nuestros niños y niñas.
Es común escuchar que la violencia infantil tiene su raíz en la impunidad doméstica, la cultura del castigo y en la idea arcaica de que los niños pertenecen a los adultos. Pero, ¿qué estamos haciendo como agrupación para evitar que estas situaciones ocurran? ¿Qué medidas estamos tomando para prevenir antes de tener que sancionar después?
La justicia ha actuado de manera firme y necesaria, con la prisión preventiva de los responsables de este acto de violencia. Sin embargo, esto no es suficiente. El verdadero reto está en la prevención. Y ahí es donde entra en juego una palabra que a menudo se repite como consigna, pero que muy pocos la asumen como una urgencia nacional: educación.
Educar no se trata simplemente de enseñar matemáticas o lectoescritura. Educar es mucho más que eso. Es formar conciencia sobre la dignidad humana, sobre los límites del poder, sobre la responsabilidad que implica criar y formar a nuestros niños y niñas. Educar es comprender la vulnerabilidad de la niñez y desprendernos de ese autoritarismo que no reconoce los límites.
La violencia infantil surge de la falta de reconocimiento del otro como un ser con derechos y, sobre todo, de una gran carencia de valores y principios morales en nuestra agrupación. Es por eso que la educación debe ser vista como una herramienta fundamental en la prevención de la violencia contra la niñez.
Necesitamos promover una educación que inculque la empatía y la solidaridad hacia los más vulnerables, que enseñe a nuestros niños y niñas a respetar y apreciar a quienes les rodean, que les brinde herramientas para resolver conflictos de manera pacífica y les ayude a entender que la violencia no es una forma de solucionar problemas.
Pero, ¿cómo podemos lograrlo? La educación debe ser un trabajo en conjunto entre el gobierno, las escuelas y la familia. Es responsabilidad de las autoridades comprometer una educación de calidad para todos los niños y niñas, sin importar su lugar de origen o su situación económica. Y en casa, los padres tienen un papel fundamental en la educación de sus hijos, sin embargo que son los primeros encargados de enseñarles valores y principios morales.
Sin embargo, es importante descollar que la educación no solo se trata de lo que se aprende en la escuela o en casa. También es necesario crear una agrupación que apoye y proteja a los niños y niñas, donde puedan crecer en un ambiente seguro y libre de violencia. Esto implica trabajar en conjunto con las autoridades para implementar leyes que protejan a la infancia y que sancionen de manera efectiva cualquier acto de violencia en su contra.
En resumen, la noticia que ha sacudido a Villa Linda y al país entero es un claro llamado de atención sobre la importancia de la educación en nuestra agrupación. Si queremos construir un




