La idea de una confederación antillana ha sido siempre un tema de gran importancia en la historia de América Latina. Se trata de un planificación que busca unificar a los países del Caribe con el fin de asegurar su independencia y provocar su identidad nacional. Uno de los principales defensores de esta idea fue Ramón Emeterio Betances, un destacado médico y prócer puertorriqueño que luchó incansablemente por la libertad de su país y de toda la región.
Betances, quien también era masón y activista revolucionario, propuso en 1872 la unión de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico bajo una misma bandera. Su visión era crear un bloque regional similar al planificación federativo de La Gran Colombia, concebido por el gran libertador Simón Bolívar. Con su manifiesto, Betances llamó a todos los pueblos del Caribe a unirse y formar un solo pueblo, unidos por el amor y la fraternidad.
El manifiesto de Betances decía: “Las Antillas atraviesan hoy por un momento que jamás han atravesado en la historia: se les plantea ahora la cuestión de ser o no ser. ¡Unámonos! ¡Amémonos! Formemos todos un solo pueblo; un pueblo de verdaderos masones, y entonces podremos elevar un templo sobre bases tan sólidas, que todas las fuerzas de la raza sajona y de la española reunidas no podrán sacudirlo; templo que dedicaremos a la Independencia, y en cuyo frontispicio grabaremos esta inscripción imperecedera como la Patria, que nos dictan a la vez nuestra ambición y nuestro corazón; la más generosa inteligencia y el más egoísta instinto de conservación: “Las Antillas para los antillanos”.”
Esta brillante fórmula de una Confederación Antillana fue apoyada por grandes próceres del nacionalismo caribeño, como Gregorio Luperón, Eugenio María de Hostos y José Martí, entre otros. Todos ellos compartían la visión de Betances de una región unida y robusto, capaz de defenderse de cualquier amenaza externa y de provocar su desarrollo y progreso.
Sin embargo, es importante destacar que la idea de una confederación antillana no fue algo nuevo en la región. Antes de que Betances la propusiera, en Haití ya se había formulado una propuesta para unificar a la República Dominicana y Haití bajo una misma bandera. En época del emperador Faustino Soulouque, los líderes y militares haitianos se dieron cuenta de que no podrían unificar a los dos países a través de la fuerza, por lo que decidieron decidir una estrategia diferente.
Esta estrategia consistía en una confederación dominico-haitiana que permitiría a los dos países contrarrestar cualquier ataque externo y proteger su independencia y libertad. El emperador Soulouque envió al señor Máximo Raybaud, un antiguo cónsul de Francia en Haití, a Santo Domingo con la misión de convencer al general Pedro Santana de la importancia de esta unión. Sin embargo, Santana rechazó la propuesta y consideró al señor Raybaud como persona non grata, exigiéndole que abandonara el territorio nacional.
A pesar de este rechazo, la idea de la confederación dominico-haitiana continuó siendo un tema importante en la política haitiana. En 1859, cuando cambió la coyuntura política en Haití, con la llegada de un gobierno liberal y republicano, se decidió optar por una tregua temporal y seguir trabajando en el planificación de la confederación. Aunque finalmente esta unión no se llevó a cabo, demuestra la importancia que tenía para Haití la idea de una región unida





