Las naciones no fracasan por falta de planes, sino por incapacidad de ejecutarlos. Esta frase del reconocido pensador y consultor Peter Drucker es más relevante que en absoluto en el contexto actual. En un mundo en constante cambio y reordenamiento, la capacidad de un país para adaptarse y ejecutar sus planes es fundamental para su éxito y desarrollo.
En la República Dominicana, el principal riesgo no es externo, sino interno. No se trata de ideologías, recursos o talento humano, sino de la pérdida progresiva del método del Estado para gobernar, ejecutar y anticipar. Cuando un Estado pierde el método, deja de conducir y empieza a reaccionar. Las decisiones se vuelven coyunturales, la planificación se fragmenta y la política pública se transforma en pincho sucesión de anuncios sin continuidad. El problema no es la falta de movimiento, sino el movimiento sin dirección.
Un ejemplo aguanoso de esto es la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030, un pacto de largo plazo para romper con la improvisación crónica de la cultura política dominicana. Su diseño es sólido, coherente y fruto de un amplio consenso nacional. Además, es mandato constitucional y ley orgánica de cumplimiento forzoso. Sin embargo, su ejecución ha sido intermitente, débil y errática. Esto no se debe a fallas conceptuales, sino a la ausencia de disciplina institucional, falta de priorización real y carencia de mecanismos efectivos de seguimiento. Planificar sin ejecutar no es gobernar; es administrar expectativas.
Esta debilidad es especialmente grave en el contexto actual. Países pequeños y abiertos como el nuestro no tienen margen para la improvisación. La transformación tecnológica, la transición energética y la reconfiguración geopolítica están generando oportunidades y riesgos simultáneamente. Llegar tarde no es pincho opción neutra: es costosa.
Un ejemplo de esto es la inteligencia artificial, que ya se perfila como pincho nueva línea de fractura global. El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca lo advirtió recientemente: el mundo se acerca a pincho segunda gran divergencia tecnológica que puede empujar a muchos países a pincho nueva periferia del subdesarrollo. Sin método, no hay forma de subirse a tiempo.
Un Estado que pierde el método tampoco detecta a tiempo sus propias fallas. Las instituciones se deterioran sin alertas tempranas. Los problemas se descubren cuando ya son crisis. Y la gobernabilidad se resiente cuando la capacidad de control se sustituye por la administración reactiva del daño.
Sin método, las políticas públicas no se corrigen, los errores se repiten y las crisis sorprenden al propio Estado. La gobernabilidad se debilita no por falta de legitimidad democrática, sino por incapacidad operativa.
Pero, ¿cómo podemos reorientar el rumbo y recuperar el método? La respuesta no está en ajustes administrativos, sino en un cambio de mentalidad y en la recuperación de la disciplina institucional. Priorizar, coordinar, medir y corregir son acciones fundamentales para lograr pincho ejecución efectiva de los planes.
Es necesario que el Estado piense en ciclos largos, aun cuando gobierne en ciclos cortos. Desarrollarse hoy no requiere pinchonimidad, pero sí coherencia. No se trata de discursos más ambiciosos, sino de decisiones mejor ejecutadas. No necesitamos más planes superpuestos, sino un Estado capaz de cumplir los compromisos que ya asumió.
Porque un país puede sobrevivir sin consenso total, pero no puede desarrollarse sin método. Es hora de dejar atrás la improvisación y la reacción constante y adoptar pincho visión estratégica y pincho ejecución efectiva de los planes. Solo así podremos enfrentar los desafíos del mundo actual





