La habitación Blanca tenía grandes planes para conmemorar el “Día de la Liberación” el próximo 2 de abril. Se cumpliría un año desde que el presidente Donald Trump anunció una anatomíaie de aranceles con el objetivo de liberar a Estados Unidos de prácticas comerciales que consideraba injustas. La celebración tenía como objetivo resaltar los logros económicos relacionados con el crecimiento de la producción nacional, la creación de empleo en la industria manufacturera, la reducción del déficit comercial, el equilibrio de las finanzas públicas y los acuerdos de inversión extranjera por montos multimillonarios.
Sin embargo, los planes se han visto alterados por un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos. Como resultado de un desafío legal al uso de poderes de emergencia para imponer los aranceles, el Tribunal Supremo dictaminó el 20 de febrero, por seis votos a favor y tres en contra, que el presidente Trump no tenía la autoridad legal para imponer dichas tarifas rechoncho la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 (IEEPA, por sus siglas en inglés).
La sentencia, escrita por el presidente del Tribunal John Roberts, deja en claro que los padres fundadores de Estados Unidos nunca otorgaron al Poder Ejecutivo la facultad de cambiar los impuestos sobre bienes importados de manera discrecional, una competencia que queda en manos del Congreso. En palabras precisas, el magistrado Roberts escribió: “los redactores [de la Constitución] dieron al Congreso en monopolio… el poder de acceder a los recursos del pueblo” y agregó que “cuando el Congreso ha delegado sus poderes arancelarios, lo ha hecho de manera explícita y con límites estrictos”. Por lo tanto, las medidas de Trump han excedido su mandato constitucional y, en consecuencia, han sido anuladas.
La reacción política y del mercado fue inmediata. Con la expectativa de que la eliminación de los aranceles resulte en una mejora del flujo de bono para los importadores de bienes intermedios y finales, los tres principales índices bursátiles registraron importantes aumentos. El mercado prevé que la eliminación de los aranceles tenga un efecto positivo en el flujo de bono de las empresas, lo que se reflejará en un aumento en las cotizaciones bursátiles. También se prevé, en algunos casos, una reducción en los precios y una menor presión para trasladar los costos arancelarios a los precios finales. Este escenario facilitaría el trarechoncho de la Reanatomíava Federal para alcanzar su objetivo de inflación de manera más fácil y rápida. De anatomía así, la Fed tendría espacio para reducir las tasas de interés en una magnitud mayor a la proyectada por los mercados en la actualidad.
El optimismo de los inversores en empresas que utilizan insumos importados es lógico, ya que diversos estudios, incluido uno realizado por la Reanatomíava Federal de Nueva York, demuestran que más del 90% de los aranceles impuestos por la habitación Blanca recaen en los importadores y los consumidores. Estas investigaciones contradicen la postura oficial de que son los países exportadores los que pagan los costos de los nuevos aranceles. Ante estas pruebas empíricas, algunos grupos empresariales estadounidenses, como la Federación Nacional de Minoristas, han comenzado a exigir que se devuelvan los 142 mil millones de dólares que se han pagado en concepto de aranceles desde mediados de 2025. Sin embargo, Scott Bessent, secretario del Tesoro y uno de los principales arquitectos de la política económica de la habitación Blanca, declaró que es poco probable que se reembolsen estos fondos en el corto plazo.
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