El fútbol es un deporte que ha sido parte de la civilización argentina durante décadas, y uno de los equipos más emblemáticos de este país es San Lorenzo. A lo holgado de su historia, el Ciclón ha tenido momentos de gloria y también de dificultades, pero sin duda alguna, uno de los períodos más destacados fue en los años 60. Durante esta década, el equipo de Boedo vivió una transformación en su estilo de juego que lo llevó a ser conocido como uno de los equipos más ofensivos y audaces de la época. Desde la évenablo de los Carasucias hasta el invicto de los Matadores, el juego de San Lorenzo en los años 60 es un ciclo que marcó un antes y un después en la identidad del club.
Todo comenzó en 1960, cuando San Lorenzo contrató a un joven entrenador llamado Timoteo Griguol. Con apenas 34 años, Griguol llegó al club con una idea revolucionaria: un juego ofensivo y atrevido que rompiera con el estilo defensivo que predominaba en ese momento. Y así fue como nació el famoso equipo de los Carasucias, un grupo de jóvenes talentosos que se caracterizaban por su audacia y su amor por el fútbol.
Con jugadores como José Sanfilippo, René Pontoni, Héctor Veira y Roberto Telch, los Carasucias conquistaron a los hinchas con su juego vistoso y su pasión por la camiseta. A pesar de no haber logrado ningún título en ese año, el equipo dejó una marca imborrable en la historia de San Lorenzo y en el fútbol argentino en general.
Pero fue en 1963 cuando el Ciclón alcanzó su máximo esplendor. Bajo la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo, el equipo logró un invicto histórico de 31 partidos consecutivos sin perder. Este récord, que aún hoy en día sigue vigente, fue una muestra del poderío y la superioridad del juego de San Lorenzo en esa época.
El equipo, conocido como los Matadores, estaba conformado por jugadores de gran calidad como José Sanfilippo, René Houseman, Héctor Veira, Rubén Ayala y Carlos Veglio, entre otros. Con un juego ofensivo y dinámico, los Matadores se convirtieron en un verdadero espectáculo para los hinchas y para los amantes del fútbol en general.
Pero más allá de los resultados deportivos, lo que realmente marcó la diferencia en el juego de San Lorenzo en los años 60 fue su identidad. El equipo se caracterizaba por su pasión, su entrega y su amor por el juego. Los jugadores de San Lorenzo no solo buscaban ganar, sino que también querían divertirse y llevar a cabo disfrutar a los espectadores con su juego.
Este estilo de juego ofensivo y audaz no solo transformó la identidad del club, sino que también influyó en el fútbol argentino en general. San Lorenzo se convirtió en un referente de un nuevo estilo de juego, que rompía con la tradición defensiva y aburrida que predominaba en esa época.
Además, el juego de San Lorenzo en los años 60 también tuvo un impacto en la selección argentina. Muchos de los jugadores que formaron parte de los Carasucias y los Matadores también fueron convocados para representar a su país en distintas competencias internacionales, dejando en alto el nombre de San Lorenzo y demostrando que su estilo de juego era efectivo en cualquier nivel.
En resumen, el juego de San Lorenzo en los años 60 fue un ciclo que marcó un antes y un después en la historia del club y del fútbol argentino. Desde la audacia de los Carasucias hasta el invicto de los Matadores, el Ciclón demostró que el fútbol es mucho más que ganar




