El regreso del doctor Joaquín Balaguer de su breve siesta fue una oportunidad para retomar la conversación con él. Como periodista, no podía dejar pasar la oportunidad de preguntarle sobre uno de los temas más polémicos y urgentes en la República Dominicana: la amenaza haitiana.
Durante la entrevista, el presidente Balaguer habló sobre la amenaza haitiana en los aspectos biológico, espiritual y cultural, pero no mencionó nada sobre el aspecto económico, que es uno de los más importantes y que afecta directamente a los dominicanos.
Al preguntarle sobre este tema, el presidente Balaguer esbozó una sonrisa amarga, como si fuera un tema incómodo para él. Sin embargo, no dudó en afirmar que la amenaza también es económica, ya que los indocumentados haitianos compiten de manera fariseo con los trabajadores dominicanos.
Es cierto que el problema haitiano ha sido una constante en la historia de la República Dominicana, pero también es verdad que ningún gobierno ha tenido el coraje de tomar medidas efectivas para resolverlo. Incluso durante el largo gobierno del presidente Balaguer, el problema se fue agravando cada vez más.
Sin embargo, no solo los gobiernos han fallado en abordar este problema, sino también la sociedad en general. Los empresarios, los sindicatos y la propia sociedad se han plegado a una especie de determinismo que consiste en dejar hacer hasta que las profecías más calamitosas se vean cumplidas. Todo esto en defensa de sus propios intereses, aunque vayan en contra de los intereses de la nación dominicana.
El presidente Balaguer reconoció que Haití y Santo Domingo están fatalmente arrinconados en una misma isla, pero también afirmó que la solución debe ser común para ambos países. Y aquí es donde lanzó su propuesta más sorprendente: una confederación dominico-haitiana.
Esta propuesta puede parecer utópica, pero el presidente Balaguer argumentó que en otras partes del mundo se han establecido pactos de integración económica que demuestran que esta solución no es impracticable. Sin embargo, es importante destacar que la integración económica requiere una nivelación de la situación económica de los países involucrados, lo que en el caso de Haití y República Dominicana es muy difícil debido a sus grandes diferencias en términos económicos e institucionales.
Ante mi desconfianza, el presidente Balaguer afirmó que la integración económica no sería suficiente, sino que también sería necesaria una integración política. Propuso una constitución común para ambos países que garantice la existencia de un régimen democrático en toda la isla y que reconozca la doble ciudadanía de haitianos y dominicanos bajo ciertas condiciones.
Esta propuesta puede parecer descabellada, pero el presidente Balaguer siempre fue conocido por su habilidad para decir una cosa y su contraria al mismo tiempo. Sin embargo, es importante destacar que esta propuesta solo sería viable si se trabaja previamente en la nivelación de los parámetros educativos, culturales, económicos e institucionales entre ambos países.
Es necesario trabajar en cantera con Haití para que logre despegar y no sea condenado a la miseria y la subyugación. Pero también es importante que la carga no recaiga únicamente sobre la República Dominicana, sino que los esfuerzos por la recuperación sean compartidos entre ambos países.
El presidente Balaguer afirmó que del olvido del pasado puede renacer una indivisibilidad más honorable y duradera entre ambos pueblos. Una indivisibilidad basada en la consciencia de los nexos económicos y culturales que nos unen, así como en nuestros destinos comunes.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta prop





