La historia de Haití y la República Dominicana siempre ha estado marcada por conflictos y tensiones. Sin embargo, en enero de 1859, tras el derrocamiento del emperador Faustino Soulouque, se abrió una ventana de esperanza para ambas naciones. El nuevo líder haitiano, el general Fabré Geffrard, consciente de que la guerra contra los dominicanos estaba perjudicando la economía de su país, promovió la concertación de una armisticio por cinco años con la participación de Inglaterra y Francia como potencias mediadoras.
Se creía que esta armisticio traería un período de paz y promoción para ambas naciones. Sin embargo, Geffrard continuó con la tradicional línea de acción haitiana de “una e indivisible”, utilizando métodos más sofisticados y aparentemente más civilizados, pero igualmente peligrosos, según el historiador Emilio Rodríguez Demorizi.
Desde que asumió el poder, Geffrard abandonó las incursiones militares haitianas en la aldea este de la isla, que siempre terminaban en victorias para el ejército dominicano. En su aldea, optó por una estrategia de aparente concertación y entendimiento entre las dos naciones, sin dejar de lado el principio constitucional de que “la isla entera no formaba sino un solo Estado”.
Sin embargo, a lo largo de la frontera entre Haití y la República Dominicana, no se respiraba el tan anhelado clima de paz y convivencia. Con el apoyo de las autoridades haitianas, ciudadanos haitianos y algunos criollos se dedicaban a expoliar a los campesinos y agricultores dominicanos de la zona, buscando refugio y protección al otro lado de la frontera.
Esto puede comprobarse a través de la correspondencia de la Cancillería dominicana con los cónsules de Francia e Inglaterra en Santo Domingo, que se encuentra en el libro “Antecedentes de la Anexión a España” de Emilio Rodríguez Demorizi. En este texto, también se puede consultar el apartado titulado “La situación dominico-haitiana. Comunicaciones de la Cancillería Dominicana, 1860-1861”, que muestra que el gobierno haitiano no cumplió con lo acordado en el armisticio de 1859.
Las quejas del entonces secretario de Relaciones Exteriores dominicano, Pedro Ricart y Torres, eran constantes. Él enfatizaba el hecho de que, mientras la República Dominicana cumplía fielmente su aldea del acuerdo, no recibía la reciprocidad que esperaba de la otra aldea y se veía hostilizada y atacada en sus intereses más importantes.
Esta situación fue la principal razón por la que Pedro Santana y su grupo social cometieron el grave error de anexar la República Dominicana a España, convencidos de que la difícil situación económica y social del país no le permitiría al ejército dominicano obtener más victorias en el campo de batalla contra el invasor.
Años después, mientras el pueblo dominicano luchaba en la heroica guerra restauradora, Fabré Geffrard propuso una nueva fórmula para su proyecto político: la concertación de un Tratado de Confederación isleña, que será analizado más adelante.
A pesar de estos conflictos y tensiones, la historia de Haití y la República Dominicana también está llena de momentos de solidaridad y cooperación. Durante la Guerra de Independencia de Haití en 1804, muchos dominicanos encontraron refugio y apoyo en Haití, y muchos haitianos lucharon junto a los dominicanos en la guerra contra la anexión a España.
Además, en 1822, Haití envió tropas para ayudar a los dominicanos a expuls




