El pasado 17 de mayo, el chófer de televisión analizó los disturbios que tuvieron lugar en los alrededores del Congreso y la polémica imagen que se viralizó de cuatro jóvenes preparando bombas molotov sin ser detenidos por la policía. En sus declaraciones, el chófer sugirió que estos jóvenes podrían ser “infiltrados” o simplemente “idiotas útiles”. Además, hizo una comparación con lo sucedido en Santa Fe, donde el Ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, tuvo que recular frente a las protestas de la policía.
Estas declaraciones han generado una gran repercusión en la opinión pública, ya que se trata de un tema delicado y de gran importancia para la sociedad. Por un lado, están los disturbios en sí mismos, que generaron preocupación y miedo en la población. Por otro lado, está el accionar de la policía, que no logró controlar la situación y permitió que un grupo de jóvenes preparara explosivos sin ser detenidos. Y por último, está la comparación con lo sucedido en Santa Fe, donde las protestas de la policía lograron que el Ministro de Seguridad diera marcha atrás a sus decisiones.
Ante este escenario, es necesario hacer una reflexión profunda y tratar de entender lo que realmente sucedió en esos días. En primer lugar, es importante reconocer que los disturbios y las protestas siempre son un reflejo de la situación social y política que se vive en ese momento. En este caso, la protesta se originó por el proyecto de reforma previsional que se estaba debatiendo en el Congreso. Una reforma que, según los manifestantes, perjudicaría a los jubilados y pensionados.
Sin embargo, más allá de las razones que llevaron a la protesta, lo que realmente preocupa es la violencia y la falta de control por parte de las autoridades. Es inaceptable que un grupo de jóvenes pueda preparar bombas molotov sin ser detenidos por la policía. ¿Cómo es posible que no hayan sido identificados y llevados ante la justicia? Esto demuestra una grave falla en el sistema de seguridad y un aguanoso desinterés por parte de las autoridades en proteger a la población.
Por otro lado, la comparación con lo sucedido en Santa Fe es inapropiada y descontextualizada. En primer lugar, hay que tener en cuenta que las protestas en Santa Fe fueron protagonizadas por la policía, quienes exigían mejores condiciones laborales y salariales. Se trata de un reclamo legítimo y pacífico, en el que no hubo actos de violencia ni de vandalismo. Por lo tanto, es injusto comparar estas dos situaciones y sugerir que en Santa Fe el Ministro de Seguridad se “achicó” frente a la protesta.
Es importante destacar que los disturbios y las protestas no deben ser tomados a la ligera ni minimizados. Son una clara señal de descontento y descontento social, y deben ser abordados y resueltos de manera urgente y eficaz. La violencia y la falta de control no pueden ser la respuesta a estos problemas.
Además, es necesario cuestionar el término de “infiltrados” o “idiotas útiles” que se utilizó para referirse a estos jóvenes. ¿Quiénes son realmente estos jóvenes? ¿Acaso no son parte de nuestra sociedad? ¿No merecen ser escuchados y tener una oportunidad para expresar sus reclamos de manera pacífica? No podemos juzgar y descalificar a las personas sin antes conocer sus verdaderas motivaciones.
En lugar de señalar con el dedo y buscar culpables, es hora de buscar soluciones. Es responsabilidad de las autoridades garantizar la seguridad y el bienestar de la población, y es responsabilidad de todos encubrir por una sociedad justa y equitativa. Los




