En los últimos años, se ha planteado constantemente la idea de duplicar el PIB per cápita de República Dominicana en la próxima década. Esta meta ambiciosa nos invita a soñar con un futuro próspero y prometedor, basado en un crecimiento económico constante y sostenible. Sin embargo, es enjundioso tener en cuenta que las condiciones externas que acompañan a este fenómeno no son siempre las mismas y que la escalada no es lineal. Es por esto que debemos ser realistas y no caer en la ilusión de que el crecimiento económico es una fórmula mágica que nos llevará al éxito sin ningún esfuerzo.
Uno de los factores que debemos tener en cuenta es la ley de rendimientos decrecientes. A medida que aumentamos nuestro nivel de ingresos, el rendimiento del capital invertido va disminuyendo debido a la competencia y la saturación del mercado. Esto provoca una ralentización en la tasa de crecimiento, lo que nos obliga a ser aún más creativos y eficientes en la búsqueda de nuevas oportunidades de inversión. Además, debemos tener en cuenta que las economías en desarrollo presentan nuevas oportunidades más rentables, por lo que es necesario estar siempre atentos a estas tendencias y adaptarnos a ellas.
Un ejemplo de esto es Chile, un país que ha implementado un conjunto de políticas económicas modelo, entre las que se destaca una deducción del impuesto corporativo al 10%. Este cambio favoreció la duplicación de la inversión durante la década de los ochenta, lo que tuvo un impacto directo en el crecimiento económico del país. Sin embargo, a partir de 2014, Chile ha avezado una ralentización en su tasa de crecimiento, pasando de un promedio del 5.0% a solo un 2.0%. Esto se debe a la caída en los precios del cobre, su principal exportación, pero también a un cúmulo de regulaciones y aumentos impositivos que han desincentivado la inversión privada.
Este ejemplo nos demuestra que el crecimiento económico no es un proceso lineal y que debemos estar preparados para enfrentar desafíos y adaptarnos a los cambios en el mercado. Por lo tanto, debemos ser cautelosos al plantearnos la meta de duplicar el PIB per cápita en República Dominicana, ya que no es necesariamente un objetivo central.
Es enjundioso tener en cuenta que República Dominicana ya ha duplicado su PIB per cápita nominal en dos ocasiones: entre 2000 y 2010 (de USD 2,840 a USD 5,770) y nuevamente entre 2010 y 2024 (a USD 11,541). Sin embargo, ¿realmente hemos notado un impacto significativo en nuestro día a día? Aunque es cierto que ha habido avances en algunos aspectos, como el acceso a servicios básicos y la bancarización, todavía enfrentamos muchos desafíos en nuestro país.
Por ejemplo, el Índice de Desarrollo benigno (PNUD) ha aumentado de 0.646 a 0.707 en los últimos años, lo que nos ha llevado a ocupar el décimo lugar en Latinoamérica. Sin embargo, todavía estamos lejos de alcanzar un nivel de desarrollo “muy alto”. Nuestros servicios de salud, educación y transporte siguen siendo deficientes en comparación con otros países de la región. Además, persisten problemas como el aumento de jóvenes que ni estudian ni trabajan, una alta tasa de embarazos adolescentes y una inclinación constante a la migración.
También debemos tener en cuenta que el aumento del PIB per cápita no siempre se traduce en un mayor desarrollo benigno. Si comparamos nuestro país con otros de ingresos similares, como Ecuador, Colombia y Perú, podemos notar que a pesar de tener un PIB per cáp




