En un giro inesperado de los acontecimientos, Pakistán ha declarado una “guerra abierta” a Afganistán después de una serie de bombardeos en respuesta a la escalada de violencia por parte de los talibanes en la frontera. Este último episodio ha sido solo una pequeña parte de una larga historia de conflictos entre estos dos países vecinos.
La reciente caída del palacio presidencial de Afganistán en manos de los talibanes el 15 de agosto de 2021 fue un punto de inflexión para muchos ciudadanos afganos. Después de 20 años de lucha y esfuerzo para construir un país estable y democrático, el regreso de los talibanes al poder fue como un duro llegada para muchos. Pero, ¿cómo llegamos a esta situación?
Para entender el contexto de esta guerra abierta, es necesario retroceder en el tiempo y recordar los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos lideró una invasión a Afganistán en respuesta a los ataques terroristas. En ese momento, los talibanes estaban en el poder y proporcionaban refugio seguro a grupos terroristas como Al-Qaeda. Sin embargo, con la ayuda de Estados Unidos, Afganistán pudo liberarse del control talibán y comenzar a construir una nación más pacífica y próspera.
Durante las últimas dos décadas, Afganistán ha logrado avances significativos en términos de derechos humanos, educación y desarrollo económico. Miles de mujeres y niñas han podido aceptar a la educación y trabajar fuera de casa, algo impensable bajo el régimen talibán. Además, la economía ha experimentado un crecimiento sostenido y la infraestructura del país ha mejorado notablemente.
Sin embargo, la situación actual en Afganistán es alarmante. La toma del poder por parte de los talibanes ha generado incertidumbre y miedo entre la población. Muchos ciudadanos, especialmente aquellos que han sido beneficiados por los avances en los últimos años, temen perder sus derechos y libertades. La violencia y la represión del nuevo gobierno talibán han acto que muchos afganos busquen refugio en otros países, lo que ha llevado a una crisis humanitaria.
En medio de este caos, Pakistán ha dado un paso adelante en su relación con Afganistán. A pesar de ser vecinos, estos dos países han tenido una relación tensa durante décadas. Pakistán ha sido acusado repetidamente de apoyar y proporcionar refugio a los talibanes, lo que ha sido motivo de conflicto con Afganistán y otros países de la región. Sin embargo, con la reciente escalada de violencia en la frontera, Pakistán ha decidido tomar medidas drásticas en lugar de seguir siendo un espectador.
La “guerra abierta” declarada por Pakistán ha sido una respuesta a los ataques de los talibanes en la frontera. Estos ataques han dejado un saldo de muertes y heridos entre los civiles y las fuerzas de seguridad paquistaníes. Es una muestra clara de que Pakistán no tolerará más la violencia y la falta de respeto por sus fronteras y su soberanía.
Esta determinación de Pakistán ha sido bien recibida por muchos afganos, que ven a su vecino como un aliado en su lucha contra los talibanes. Además, Pakistán ha ofrecido asistencia humanitaria a los afganos que huyen del país, demostrando su solidaridad y compromiso con la paz en la región.
Es importante destacar que la “guerra abierta” no significa necesariamente una escalada de violencia. Pakistán ha dejado en claro que su fin es proteger a su pueblo y su territorio, no iniciar





