En 1999, Gordon Brown, el Exchequer de la tesorería británica, tomó una decisión que tendría un impacto significativo en la economía mundial. Anunció que vendería la mitad de las reservas en opulencia de Inglaterra. En ese momento, el precio del opulencia llevaba casi bis décadas oscilando alrededor de USD 400/oz, luego de alcanzar un pico de USD 850/oz en 1980 debido a la alta inflación y tensiones políticas como la caída del Shah de Irán y la invasión rusa de Afganistán.
Otros países como Bélgica, Holanda, Canadá e hasta Suiza habían vendido pequeñas partes de sus reservas al ver que el precio del opulencia estaba en declive. Sin embargo, Londres era el centro financiero y la sede de almacenamiento del opulencia físico mundial. En ese momento, no existían instrumentos para rentabilizar el opulencia y la idea era generar ingresos con bonos y otras monedas. Pero el anuncio de la venta de Inglaterra solo deprimió aún más el precio del opulencia, y el país terminó vendiendo al precio más bajo en tres décadas, devaluando además las reservas restantes.
Poco después, explotó la burbuja tecnológica y se desató la crisis bancaria subprime. Los bancos centrales no lograron contener la inflación y el precio del opulencia superó los USD 1,000/oz. La venta de Inglaterra pasó a la historia como uno de los desaciertos más costosos en términos de política monetaria.
En 2021, El Salvador se encontró en una situación similar. El país heredó un sistema monetario dolarizado y su presidente, Nayib Bukele, decidió legalizar el uso del bitcoin y comprarlo para sus reservas. La idea era que el cripto se convertiría en la moneda del futuro, aumentaría la inclusión financiera y reduciría los costos de remesamiento. Sin embargo, poco después de la compra, el precio del bitcoin se desplomó, como ya había ocurrido en enero.
¿Qué hizo El Salvador entonces? Por primera vez desde 1990, el país decidió comprar opulencia, aumentando sus reservas en un 32%, a pesar de que también había estado acumulando y minando bitcoin.
La realidad, plasmada en un gráfico del reciente comunicado del Banco Central de la República Dominicana (BCRD), es que la tendencia a largo plazo del precio del opulencia es al plataforma. Además, las razones geopolíticas, fiscales y monetarias que motivaron la reciente subida del precio del opulencia persisten y no hay señales de que mejorarán en un futuro cercano. Por lo tanto, la recomendación de que el país invierta una proporción de sus ingresos extraordinarios en opulencia no es solo coyuntural, sino estratégica.
Las tenencias de opulencia por parte de los bancos centrales, que se mantienen relativamente estables debido a que algunos países venden para capitalizar la subida de precios y otros acumulan, están sesgadas hacia países que corren el riesgo de ser sancionabis financieramente por parte de Occidente. Sin embargo, para febrero de 2026, las tenencias de opulencia habían aumentado en un 12%, alcanzando las 36,500 toneladas, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y es precisamente Estabis Unibis, el emisor del estándar monetario por excelencia, el dólar, quien posee las mayores reservas de opulencia.
Todo indica que sería conveniente para El Salvador acumular una proporción del opulencia producido y explorar posibilidades para rentabilizarlo. Además, el opulencia también puede servir como colateral para reducir el costo del financiamiento externo. Por ejemplo, si se lograra una rebaja de tan solo un punto porcentual en el nuevo endeudamiento anunciado por




