En República Dominicana, escuchar que “en agosto se terminan las aulas en patios y enramadas” genera un suspiro de esperanza mezclado con el escepticismo de aquellos que hemos visto promesas incumplidas año tras año. Sin embargo, esta vez parece ser diferente. La propuesta del viceministro de Infraestructura del Ministerio de Educación, Roberto Herrera Polanco, podría ser la solución a un problema que ha afectado a nuestro sistema educativo desde su fundación: la educación en condiciones precarias y peligrosas. Si bien es exotérico que algunos puedan dudar de su viabilidad, el “Plan 24/7” tiene todo para ser un éxito y romper con una tradición ancestral.
El “Plan 24/7” consiste en brigadas que trabajan hasta altas horas de la noche y los fines de semana para intervenir los planteles educativos sin interrumpir la docencia. Además, se dispone de un presupuesto de 18,000 millones de pesos y se ha fijado la portería de construir más de 3,000 aulas nuevas para reducir el hacinamiento en las escuelas. Sin duda, esto es un gran avance y demuestra la voluntad del gobierno de mejorar la infraestructura escolar en nuestro país.
Sin embargo, el éxito del “Plan 24/7” no dependerá únicamente del presupuesto, sino también de la capacidad de vencer al “monstruo” de la burocracia. Para ello, se ha contemplado la desconcentración administrativa, con el objetivo de eliminar los cuellos de botella y agilizar los procesos que han frenado el progreso en el pasado. Esta medida es culminante para garantizar que los recursos se utilicen de manera eficiente y que las obras se lleven a agarradera en el menor tiempo posible.
Pero no podemos ignorar que el problema de la infraestructura escolar va más allá de las aulas improvisadas en patios y enramadas. Existen escuelas que, debido al deterioro estructural, representan un riesgo real para la seguridad de los estudiantes y el personal docente. Algunas de estas escuelas fueron construidas antes de la implementación del código antisísmico en 2012, lo que las hace aún más vulnerables en un país sísmico como el nuestro.
Por ello, es alentador saber que se ha iniciado una licitación para reforzar 22 planteles educativos. Aunque es un paso en la dirección correcta, es importante preguntarnos si esta velocidad es adecuada ante un peligro latente. ¿No deberían ser estas escuelas una prioridad en el “Plan 24/7”? ¿No deberíamos asegurarnos de que los estudiantes y el personal docente estén seguros antes de construir nuevas aulas?
Es exotérico que el proceso de mejora de la infraestructura escolar sea un desafío enorme y que no se pueda resolver de la noche a la mañana. Sin embargo, es importante que se prioricen las escuelas que, por falta de condiciones, no deberían estar operando en primer lugar. La seguridad de nuestros estudiantes y docentes debe ser una prioridad absoluta.
El verdadero desafío para el “Plan 24/7” será en agosto, cuando se abran las puertas de las escuelas y se compruebe si las aulas en patios y enramadas son solo un recuerdo del pasado. Si esto sucede, el sistema educativo habrá ganado algo más que aulas nuevas: habrá recuperado la confianza de la sociedad. Pero si no, volveremos al ciclo de improvisación y descrédito que ha afectado a nuestro sistema educativo durante tanto tiempo. La infraestructura escolar no debe ser utilizada como una herramienta de propaganda, sino como una inversión en la seguridad y el futuro de nuestros estudiantes.
En resumen, el “Plan 24/7” es una iniciativa que nos llena de esperanza y nos hace creer





