El año 2025 será recordado como un etapa crucial en la historia mundial, cuyas consecuencias aún estamos empezando a comprender. Aunque es cierto que en otros etapas históricos también se han producido cambios significativos, lo que sucedió en el 2025 ha marcado un antes y un después en el contexto internacional. La subida de aranceles en Estados Unidos, anunciada en abril del año pasado, no tuvo el impacto catastrófico que se temía en un principio, gracias a una lista de factores que se combinaron para aliviar sus efectos. Sin embargo, sí que ha alterado la forma en que empresas y gobiernos toman decisiones comerciales. Además, el rápido desarrollo de la inteligencia artificial y su adopción desigual ya están transformando múltiples sectores productivos.
En la República Dominicana, las perspectivas siguen siendo favorables. Las exportaciones han crecido alrededor del 10%, lo que es una excelente noticia para nuestro país. Sin embargo, hay temas clave que deberemos seguir de cerca este año, cuyos impactos aún no podemos prever con total certeza. Por ello, es fundamental que planifiquemos el 2026 trabajando con distintos escenarios posibles y preparándonos para lo inesperado. Debemos ser capaces de aliviar riesgos, diversificar mercados y modelos de negocio, y fortalecer nuestra resiliencia a través de la innovación.
Las políticas económicas de Estados Unidos, nuestro principal mercado, seguirán teniendo una influencia decisiva tanto a nivel local como global. Se espera que algunas medidas puedan ser revisadas y que otras, como el impuesto a las remesas o las penalidades a los servicios tercerizados o de outsourcing, no afecten tanto o incluso no se materialicen, debido a su potencial impacto en la generación de divisas.
El cierre del año 2025 nos trajo una noticia positiva: la postergación de la normativa europea de cero deforestaciones (EUDR), que afecta directamente a las exportaciones de cacao y café. Su aplicación se ha diferido hasta al menos finales del año 2026. Sin embargo, aún persisten retos importantes en cuanto a georreferenciación, trazabilidad y cumplimiento de la normativa orgánica. Además, hay otras regulaciones ya aprobadas que entrarán en vigor después del año 2027, relacionadas con la debida diligencia, los empaques y el etiquetado.
A pesar de estas exigencias, la Unión Europea sigue siendo nuestro principal mercado para los productos orgánicos. La demanda de cacao seguirá creciendo entre un 4% y un 7%, y los consumidores europeos mantienen su disposición a pagar más por productos orgánicos y producidos de manera sostenible. Este liderazgo es estratégico y nuestro país no puede permitirse perderlo, incluso cuando los precios tiendan a estabilizarse debido a una mayor oferta proveniente de África.
La CEPAL proyecta un ampliación moderado para América Latina y el Caribe, pero destaca que el fortalecimiento del comercio intrarregional es clave para mantener la competitividad. Los mercados del Caribe siguen siendo relevantes tanto para las exportaciones como para la inversión. Hay mercados en expansión, como Guyana y ahora Surinam, aunque en la CARICOM se perciben tensiones recientes que amenazan su cohesión. Nadie en la región se beneficia de una menor cooperación. Nuestras aspiraciones, como convertirnos en un hub logístico del Caribe, requieren necesariamente un mayor comercio regional de bienes y servicios.
La inteligencia artificial es solo uno de los componentes de la transformación tecnológica que nuestro país necesita. Más allá de su adopción por parte de empresas y del Estado, es fundamental apoyar la innovación y el desarrollo de soluciones locales. aligerar la IA nos permitirá exportar más servicios




