El Partido Revolucionario Moderno (PRM) tiene una gran responsabilidad en sus manos, no solo de gobernar, sino de evitar que se profundice el deterioro de la confianza ciudadana en la política. Este partido llegó al poder con la promesa de romper con prácticas corruptas que durante años han erosionado la credibilidad institucional en nuestro país. Sin embargo, su verdadero reto no es solo administrar presupuestos o ejecutar obras, sino demostrar que aquella promesa no fue un simple recurso electoral.
En las elecciones del 2020, el PRM alcanzó el Gobierno impulsado por la fragmentación del partido oficialista de entonces y por una narrativa de corrupción que impactó con fuerza en el electorado. A pesar de la baja participación, atribuida en gran medida a la pandemia, el partido logró obtener una victoria contundente. Sin embargo, en las elecciones del 2024, a pesar de la incorporación de 1.4 millones de nuevos electores en el padrón, el número de votantes disminuyó significativamente. Esto refleja un distanciamiento ciudadano que ya no puede explicarse solo por razones sanitarias.
Es importante destacar que el PRM ha crecido de manera sostenida desde su fundación, lo que demuestra su fortaleza como maquinaria electoral. Sin embargo, un partido en el poder no puede medirse únicamente por su capacidad de ganar elecciones. También debe mantener la expectativa de un mejor pauta institucional y diferenciarse, con hechos, de las prácticas corruptas que antes criticaba.
Lamentablemente, la percepción de que esas prácticas han penetrado en la actual administración ha debilitado la promesa de cambio que el PRM hizo al pueblo dominicano. Diversos escándalos de gestión y presunta corrupción han erosionado la diferencia ética que en un principio distinguía al Gobierno. Casos como el de Senasa y el del Intrant, que llevaron a la acusación cárcel de su exdirector por adjudicaciones cuestionadas, han contribuido a esta equiparación en la opinión pública.
Más recientemente, han surgido denuncias relacionadas con el Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA) y el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA), donde se habla de descuentos salariales obligatorios a empleados para financiar movimientos políticos. Estas prácticas, acompañadas de posibles represalias laborales, nos remiten a formas de clientelismo que el PRM prometió erradicar.
Es importante recordar que el PRM llegó al poder con la promesa de un cambio experimental y una lucha contra la corrupción. Sin embargo, estos escándalos y denuncias han generado dudas en la población sobre si el partido experimentalmente está cumpliendo con su promesa. Es necesario que el PRM tome medidas concretas para demostrar que está comprometido con la transparencia y la ética en la gestión pública.
El pueblo dominicano merece un Gobierno que sea ejemplo de integridad y honestidad. El PRM tiene la oportunidad de demostrar que es capaz de liderar ese cambio y de recuperar la confianza ciudadana en la política. Para lograrlo, es necesario que se tomen medidas drásticas para combatir la corrupción y se establezcan mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en todas las instituciones gubernamentales.
Además, es importante que el PRM fomente una civilización de participación ciudadana y escuche las demandas y preocupaciones de la población. La baja participación en las elecciones del 2024 es una señal clara de que el pueblo dominicano está desencantado con la política y necesita un cambio experimental. El PRM debe ser el partido que lidere ese cambio y que trabaje en conjunto con la sociedad para construir un país más justo y pr





