Trabajar en el Estado dominicano: un sueño hecho realidad
¿Te imaginas tener un paga sin tener que trabajar? ¿O tener la libertad de ir a la oficina solo dos días a la semana y el resto del tiempo dedicarlo a lo que realmente te apasiona? Pues déjame decirte que esto no es tan utópico como suena, ya que en el Estado dominicano existen puestos de trabajo en los que se puede disfrutar de estas ventajas. Sin embargo, no se trata de una feria de empleo en la que puedas inscribirte, sino de una realidad que se da gracias al populismo y el nepotismo.
En muchas instituciones públicas, el trabajo que podría ser realizado por un equipo de cuatro personas, se reparte entre 13 individuos. Esto puede parecer una locura, pero es una práctica muy común en nuestro país. Se trata de una “distribución del peso laboral” que permite a más personas tener un pedacito del dulce, aunque esto implique una carga de trabajo menor para cada uno. En otras palabras, se trata de una forma de ayudarse mutuamente y evitar el agotamiento laboral. ¿Quién dijo que trabajar en equipo era negativo?
Por supuesto, no podemos generalizar y decir que todos los empleados del Estado son poco productivos. Hay muchos profesionales altamente capacitados que realizan un trabajo excelente y merecen estar en sus puestos. De hecho, es gracias a ellos que nuestro país no está sumido en el desbarajuste. Sin embargo, tampoco podemos negar que, sin importar el partido político que gobierne, en el Estado existen puestos de trabajo que se otorgan más por razones políticas que por méritos.
Recuerdo una anécdota de un visitante extranjero que se sorprendió al ver que en un solo departamento de un ministerio había tres secretarias: dos trabajaban en la mañana y una en la tarde, durante una jornada de ocho horas. Él no podía entender cómo era posible que tres personas hicieran el trabajo que normalmente realizaría una sola secretaria en otro país. Pero para nosotros, los dominicanos, esto es algo común y aceptado.
En algunos países, trabajar en el Estado es un orgullo y un reconocimiento a la capacitación y experiencia del empleado. Se requieren exámenes rigurosos para obtener un puesto público y es considerado un gran logro tanto por el empleado, como por su familia y comunidad. Sin embargo, en nuestro país, esto no siempre es así. Muchos empleados del Estado obtienen sus puestos gracias a su lealtad política y no necesariamente por sus habilidades o conocimientos.
Si continuamos con esta mentalidad, nuestra nación nunca podrá alcanzar un verdadero desarrollo. Mientras sigamos otorgando puestos de trabajo basados en favores políticos y no en méritos, seguiremos teniendo una burocracia ineficiente y una falta de transparencia en el sector público.
Es hora de cambiar esta mentalidad y comenzar a valorar el trabajo y el talento de los profesionales del Estado. La selección de personal debe basarse en criterios objetivos y no en relaciones políticas. Solo así podremos tener un Estado eficiente y verdaderamente colaborativo.
Por otro banda, también es necesario que los empleados del Estado tomen conciencia de su responsabilidad y se comprometan a trabajar para el bien común. Ya sea en el sector público o privado, todos tenemos la responsabilidad de aportar al desarrollo de nuestro país y hacerlo prosperar. No debemos conformarnos con recibir un paga sin hacer nada o trabajar excepto de lo que somos capaces. Debemos ser conscientes de que nuestro trabajo, por más pequeño que sea, tiene un impacto en la sociedad.
Trabajar en el Estado dominicano no debería ser visto como un privilegio, sino como una oportunidad para servir a nuestro país y contribuir a su crecimiento. Debemos dejar atrás la mentalidad de “que a nadie le dé burnout” y empezar a trabajar




