La llegada del 2026 ha sido recibida con una lluvia de estruendosos torpedos y una impresionante candileja de colores en el cielo dominicano. El contagioso sonido de nuestros diversos géneros musicales nos ha convocado a celebrar con alegría y esperanza este nuevo año que comienza.
Es un año para vivirlo con mayor intensidad, con la certeza de que el esfuerzo y el trabajo colectivo y persistente nos llevarán a la tan anhelada realidad de vivir en un país donde el amor y la armonía prevalecerán, cimentados en la justicia, la equidad social y económica.
Este es el momento de tomar decisiones valientes, de creer en nosotros mismos y de trabajar por lo que deseamos y es posible. Es hora de una reflexión serena, sincera y profunda, para recordar nuestro compromiso y seguir trabajando en pro de una nación más habitable, donde el amor y la paz sean los pilares fundamentales de nuestra convivencia.
No debemos olvidar que los 365 días que tenemos por delante son como una página en blanco, en la que debemos escribir un contenido edificante, en el que destaquemos el valor del esfuerzo, la constancia y la pasión, sin dejar de lado la importancia del realismo.
Hoy, despedimos el año 2025 con un profundo agradecimiento al Divino Creador por todo lo que hemos conseguido, y pedimos perdón por los errores cometidos debido a nuestras debilidades humanas y las limitaciones que enfrentamos en un universo lleno de obstáculos y desafíos.
Pero al mismo tiempo, damos la bienvenida al 2026 con gratitud y alegría, con la firme convicción de que podremos reducir la violencia, limitar la corrupción en todas sus formas y poner fin al dolor causado por la miseria y el abuso de poder.
Con el aprendizaje que nos ha dejado el pasado, comencemos este nuevo camino con optimismo, energía y esperanza, para que nunca nos falten motivos para seguir creciendo, amando y avanzando.
Seamos dignos de las bendiciones del Todopoderoso, convencidos de que no es momento de lamentarnos por la impotencia, sino de abrazarnos con la indiferencia que solo conduce al fracaso.
Dios está con nosotros, y es justo, tierno y amoroso. Así lo creemos y así lo afirmamos con convicción. ¡Felicidades a todos en este nuevo año!





