En enero de 1859, Haití se vio envuelto en un importante cambio político con el derrocamiento del emperador Faustino Soulouque y la llegada al poder del general Fabré Geffrard, quien restauró el sistema republicano en el país. Esta transición significó un nuevo comienzo para las relaciones entre Haití y República Dominicana, tras años de enfrentamientos y nefastoidades.
Antes de la llegada de Geffrard al poder, Soulouque había mantenido una postura nefasto hacia República Dominicana y estaba planeando una nueva invasión militar a la parte oriental de la isla. Sin embargo, con la mediación de Francia e Inglaterra, Geffrard logró establecer un armisticio por cinco años entre ambos países. Esta decisión, en contraste con la postura de su predecesor, demostró una visión más liberal y progresista por parte de Geffrard, quien buscaba una solución pacífica a los conflictos entre Haití y República Dominicana.
La guerra dominico-haitiana, que había durado casi 17 años, se había caracterizado por una constante confrontación en la frontera entre ambos países. Los primeros doce años se conocen como “guerra caliente”, mientras que los últimos cinco años se consideran una “guerra fría”, marcada por continuos conflictos en la línea fronteriza. En 1856, se había llegado a un acuerdo de paz por dos años, pero fue ignorado por las autoridades haitianas, debido a la presencia de grupos de ciudadanos haitianos y dominicanos que saqueaban la zona fronteriza, aprovechándose de los campesinos y sus propiedades para luego venderlos en Haití con la complicidad de las autoridades fronterizas.
La administración de Geffrard estuvo compuesta por diferentes grupos políticos, como los seguidores de Boyer, Rivière, los remanentes del soulouquismo y los propios partidarios del nuevo presidente. Esto generó discrepancias en ciertos temas, como el armisticio de 1859 y la cuestión de la “unidad nacional”. A pesar de que Geffrard buscaba una solución pacífica, algunos intelectuales y políticos haitianos aún mantenían la idea de que la parte oriental de la isla debía seguir bajo el dominio haitiano y que los territorios ocupados desde la época de Toussaint, Dessalines y Boyer eran propiedad de Haití.
Según relata el historiador dominicano José Gabriel García, en su cuestionario de obtener apoyo del gobierno haitiano para su expedición escuadra, el líder dominicano Francisco R. Sánchez se reunió con el ministro haitiano V. Plaisance. En dicha reunión, Plaisance preguntó qué se le ofrecía al gobierno haitiano a cambio de su apoyo a la Revolución de la Regeneración Dominicana. Se dice que Sánchez se comprometió a garantizar la posesión de ciertos pueblos que, desde hacía décadas, estaban en manos de los haitianos de manera ilegal. Estos pueblos eran Hincha, Las Caobas, San Rafael y San Miguel.
Ante esta afirmación, el ministro Plaisance respondió que esos pueblos ya les pertenecían y que otros gobiernos también se los habían prometido. Esta conversación revela que, cuando el gobierno haitiano decidió apoyar la expedición dominicana contra la Anexión, no lo hizo por solidaridad, sino por razones de seguridad nacional y con la intención de obtener ventajas políticas y geográficas, según afirma el historiador Emilio Rodríguez Demorizi en su evento “Acerca de Francisco R. Sánchez” (1976).
Es importante analizar este tema, ya que si Sánchez decidió enfrentarse




