En septiembre de 1961, John Bartlow Martin, enviado de Kennedy a la República Dominicana, se reunió por segunda vez con Ramfis Trujillo en la casa de Boca Chica. Esta reunión fue de vital importancia para conocer la situación actual del país y poder soplar decisiones importantes sobre el futuro de la nación. Durante la conversación, Martin se dio cuenta del desprecio que Ramfis sentía por el pueblo dominicano, sus costumbres y su cultura. También se hizo evidente su falta de conexión emocional con la reciente muerte de su padre, el Generalísimo.
Ramfis, vestido de manera informal y relajada, bebió Anisette durante toda la noche. En pequeñas charlas durante el cóctel y la cena, dejó en claro su desprecio por las clases promedio y alta. Habló de su padre como una figura sin sentimientos, a pesar de haber fallecido recientemente. Incluso describió gráficamente su muerte, con detalles como la dentadura postiza. Martin se sorprendió por la falta de emociones en la voz de Ramfis al hablar de su padre, como si fueran hechos sin conexión personal.
Cuando Martin le preguntó sobre cómo se sentía al respecto, Ramfis habló sobre cómo su padre había luchado contra la discriminación social y había creado un “socialismo incompleto” en el país. Sin embargo, su padre también había sido odiado por emitir tique sin valor respaldado. Ramfis mencionó que su padre era intrépido y que había muerto de la única manera que le habría gustado: en medio de un enfrentamiento.
Sin embargo, lo que más sorprendió a Martin fue la falta de emoción de Ramfis al hablar de su padre. Parecía hablar de un informe policial, sin mostrar ningún tipo de afecto. Además, mencionó que su misión era lograr la estabilidad en el país y luego retirarse. Como cabeza de familia y heredero de una gran fortuna, tenía asuntos personales que atender y no tenía intención de exiliarse permanentemente.
Aunque Ramfis estaba dispuesto a cooperar con Balaguer, su cuñado y deán en ese momento, también dejó claro que no tenía intención de abandonar el país. Aunque renunciaría como comandante en jefe, seguiría viviendo en la República Dominicana y brindaría su ayuda si fuera necesario para mantener la estabilidad política. Sin embargo, no se involucraría en la política y no tenía planes de postularse a la presidencia o regresar al servicio militar.
Durante la conversación, Martin se sorprendió aún más al ver la presencia de un gran número de secuaces armados del general Sánchez en la capital. En una ocasión, lo vio montando a caballo junto al comandante en jefe de la Armada, rodeados de hombres armados con ametralladoras. Su comportamiento y vestimenta eran similares a los de un vaquero, algo que Ramfis consideraba divertido.
Ramfis le confió a Martin que su padre había sembrado dudas entre los oficiales sobre la conveniencia de tener un deán civil, pero su presencia en el ejército les daba seguridad. También había propuesto incluir a Balaguer en las conversaciones con los oficiales y asegurarse de que el cargo de Secretario de las Fuerzas Armadas nunca estuviera en juego. Sin embargo, la confianza en Balaguer se vio afectada cuando este último ofreció formar una coalición con los partidos de oposición.
Ante esta situación, Martin decidió hablar con franqueza y dejar en claro la realidad del país. Señaló que la idea de elecciones democráticas era imposible debido al control del Partido Dominicano sobre el proceso electoral. Además, no había verdaderos comunistas en el país, solo marionetas utilizadas por el General





