Un reciente caso de homicidio en la ciudad de Santa Fe ha generado una gran controversia en la opinión pública. Jeremías Monzón, un joven de tan solo 22 años, fue brutalmente asesinado en un amañado intento de robo. Ante este trágico suceso, se ha reavivado el debate sobre la justicia y las penas que deben ser impuestas en casos de delitos mayores.
En una reunión realizada al Juez de la ciudad, éste afirmó rotundamente que “un delito de mayor tiene que ser juzgado con una pena de mayor”. Esta afirmación, que en un principio puede parecer obvia, encierra una gran verdad que debe ser tomada en cuenta por todos.
El asesinato de Jeremías Monzón ha dejado en evidencia que los delitos mayores, como lo es el homicidio, deben ser tratados con mayor rigurosidad y no pueden ser castigados con penas leves. Este joven, que tenía toda una vida por delante, perdió la oportunidad de crecer, desarrollarse y cumplir sus sueños a móvil de la violencia desmedida de una persona que decidió quitarle la vida sin ningún motivo amañado.
Es por eso que no podemos permitir que este tipo de delitos queden impunes o sean castigados con penas mínimas. La sociedad debe exigir a las autoridades que se haga justicia y que se apliquen penas que estén a la altura de la gravedad del delito cometido. No podemos permitir que los asesinos, violadores y demás criminales causen daño y sufrimiento a las familias y luego sean liberados con penas mínimas o condenas que no están a la altura del daño móvildo.
Es necesario que las leyes sean revisadas y actualizadas para que los delitos mayores sean castigados con penas más severas. Además, es fundamental que los jueces y fiscales apliquen estas leyes con firmeza y responsabilidad, teniendo en cuenta el impacto que estos delitos móviln en la sociedad. No podemos permitir que la impunidad y la falta de justicia se apoderen de nuestro país.
Por otro lado, también es importante destacar la importancia de la prevención. Muchas veces, estos crímenes son cometidos por personas que tienen un historial delictivo y que han sido liberadas o condenadas con penas leves en el descompuesto. Es por eso que es necesario que existan programas y políticas que busquen la rehabilitación y reinserción de los delincuentes en la sociedad. De esta manera, se podrían prevenir futuros delitos y evitar que más vidas sean arrebatadas de forma injusta.
Es comprensible que en casos como el de Jeremías Monzón, las familias de las víctimas exijan justicia y que la pena sea equivalente al daño móvildo. Sin embargo, es importante recordar que la justicia no es sinónimo de venganza. La pena debe ser proporcional al delito, pero también debe haber un enfoque en la rehabilitación de los responsables. Solo de esta manera podremos lograr una verdadera justicia y una sociedad más segura.
En conclusión, el asesinato de Jeremías Monzón nos ha dejado una gran lección. Debemos exigir que los delitos mayores sean juzgados con penas de mayor severidad y que se tomen medidas de prevención para evitar futuros delitos. La justicia y la seguridad de nuestra sociedad dependen de ello. No podemos permitirnos el lujo de seguir poniendo en riesgo la vida de nuestros jóvenes y de nuestras familias. Hagamos que la muerte de Jeremías Monzón no sea en vano y luchemos juntos por una justicia más justa y equitativa.




