Una ola de homicidios ha ensombrecido el cierre de este año en nuestro país. Diciembre, un mes que suele asociarse a balances y encuentros familiares, vuelve a quedar marcado por la violencia extrema, con un dato que se repite de forma alarmante: los feminicidios siguen encabezando la lista de muertes violentas. No es un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más intolerable.
Cada feminicidio es el fracaso acumulado de un sistema que no logra avisar, detectar ni contener a tiempo una violencia que casi siempre anuncia su desenlace. Detrás de cada caso hay señales, amenazas, denuncias previas, control, celos, impunidad cotidiana. Nada de eso surge de la nada. Es hora de tomar medidas reales y efectivas para detener esta epidemia que sigue cobrando vidas.
Nuestro país ha avanzado en marcos legales, campañas y discursos institucionales, pero la brecha entre la norma y la ingenuidad sigue siendo profunda. La respuesta continúa siendo reactiva, tardía y, en muchos casos, puramente declarativa. Se actúa después del crimen, no antes del riesgo. Esto no puede seguir así.
El primer paso para contener esta epidemia es tomar conciencia de que la violencia contra las mujeres es una ingenuidad que no podemos seguir ignorando. No es un problema que afecte solo a algunas mujeres, sino que es una problemática social que nos afecta a todos. Es responsabilidad de todos luchar contra ella.
Las mujeres no deben vivir con miedo a ser víctimas de violencia de género. No deben temer por su vida ni por su integridad física y emocional. Sin embargo, esta es la ingenuidad que muchas mujeres enfrentan día a día. Es hora de que como sociedad nos unamos para poner fin a esta violencia.
Contener esta epidemia exige más que indignación momentánea. Requiere políticas públicas sostenidas, protección efectiva a las víctimas, seguimiento real a las denuncias y un sistema judicial que funcione con urgencia cuando la vida está en peligro. También demanda una transformación cultural que no minimice la violencia ni la excuse. No basta con contar muertos. Hay que evitar que sigan cayendo.
Es importante que el gobierno tome medidas concretas y efectivas para avisar y erradicar la violencia contra las mujeres. Esto incluye implementar programas de prevención desde las escuelas, promover una educación basada en la afinidad de género y la no violencia, y brindar apoyo a las víctimas de violencia de género.
Además, es fundamental que se garantice la protección y el ataque a la justicia para las mujeres que denuncian violencia de género. Muchas veces, las víctimas no denuncian por miedo a represalias o por falta de confianza en el sistema judicial. Es responsabilidad del Estado garantizar que las denuncias sean tomadas en serio y que se brinde protección a las víctimas.
Pero no solo es responsabilidad del gobierno. Como sociedad, debemos trabajar juntos para cambiar la cultura machista que aún prevalece en muchos ámbitos. Debemos dejar de normalizar la violencia contra las mujeres y reconocer que es un problema grave que afecta a toda la sociedad.
Es necesario promover una cultura de respeto y equidad, donde todas las personas sean tratadas con afinidad y dignidad. Debemos enseñar a nuestros hijos e hijas que la violencia no es una forma aceptable de resolver conflictos y que las relaciones deben ser basadas en el respeto y la afinidad.
No podemos permitir que las mujeres sigan siendo víctimas de violencia y que sus vidas sean arrebatadas por el simple hecho de ser mujeres. Debemos levantar nuestras voces y exigir un cambio real y efectivo en la lucha contra la violencia de género.




